No quiero parecer previsible, por lo que creo que no debería
volver a hablar de la Iglesia ni de la reforma laboral ni del partido en el
gobierno. De los políticos es inevitable, pero sigo queriendo eludir escribir
de nuevo sobre los obispos o sobre la reforma. Llevo ya varios días
consiguiendo retener mis ganas de hacerlo, también “ellos” llevan ya el mismo
número de días provocándome. Me llegan noticias como estas: “El Vaticano pide que no se cedan instituciones
católicas para impartir yoga o zen” (les falta decir “que paguen impuestos
como nosotros pagamos el IBI y nos autofinanciamos” ¿¿¿Qué???), “El Gobierno promociona una reforma
laboral idílica” (sólo les ha faltado disfrazarse de la familia Trapp de
“Sonrisas y Lágrimas”), “La Iglesia
católica ofrece un trabajo fijo a quien quiera ser sacerdote” (lo que no
aclaran es si el despido es a 45 o a 20 días, o si en tres trimestres va menos
gente a las parroquias se les puede despedir), “Camps se siente más preparado que nunca para presidir la Generalitat
o el Gobierno”(los trajes para acudir a la jura del cargo y a los actos ya
los tiene), “El Gobierno quiere endurecer
el delito de desobediencia tras las protestas de Valencia” (por lo visto
ahora van a mandar a los antidisturbios a las fiestas de preescolar), etc.
Total que en un alarde de fuerza de voluntad y padeciendo los efectos del
síndrome de abstinencia consigo no sentarme ante el teclado.
Todo pintaba muy bien hasta que leo lo siguiente “HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica)
y JOC (Juventud Obrera Cristiana) piden a la Iglesia que esté "al lado de
los empobrecidos” y el cardenal les desautoriza”. La paciencia tiene un
límite, así que ya no he podido aguantar más, ¡Es que no se pueden mezclar los
dos temas!
En un comunicado distribuido a las parroquias del
arzobispado de Madrid HOAC y JOC dicen sobre la reforma laboral: “Es otra agresión al trabajo humano como
principio de vida y rompe el débil equilibrio conquistado históricamente entre
capital-trabajo, alejándose del principio defendido por la Iglesia de la
prioridad del trabajo frente al capital”. Enterado el cardenal Rouco,
ordena rápidamente a sus vicarios que dicho comunicado sea desautorizado
inmediatamente (No se puede morder la mano de quien te da de comer).
Las dos organizaciones obreras católicas manifiestan en el
comunicado que la reforma laboral “quiebra
el derecho constitucional a la negociación colectiva y a la capacidad
organizativa de los trabajadores” y que “abre
el camino para ajustar los salarios a la productividad de forma que los
trabajadores más débiles van a depender de la voluntad unilateral del
empresario” y que “dificulta, cuando
no impide o precariza, el empleo juvenil”. O sea, lo que pensamos todos los
que hemos leído el texto desde la acera contraria al gobierno o a la CEOE.
Ahora sólo nos queda ver cuando se les negará el bautismo a
los hijos de los miembros de HOAC y JOC, como si se tratase de vástagos de
padres no casados, o cuando se les negará la comunión como ha ocurrido a
homosexuales o algunos discapacitados.
Jesús, el personaje histórico, hubiese estado en contra de
lo recogido en la reforma laboral, al menos eso se desprende de sus enseñanzas.
Otra cosa es lo que opinan los príncipes de la Iglesia.
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