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jueves, 22 de marzo de 2012

No quiero parecer previsible


No quiero parecer previsible, por lo que creo que no debería volver a hablar de la Iglesia ni de la reforma laboral ni del partido en el gobierno. De los políticos es inevitable, pero sigo queriendo eludir escribir de nuevo sobre los obispos o sobre la reforma. Llevo ya varios días consiguiendo retener mis ganas de hacerlo, también “ellos” llevan ya el mismo número de días provocándome. Me llegan noticias como estas: “El Vaticano pide que no se cedan instituciones católicas para impartir yoga o zen” (les falta decir “que paguen impuestos como nosotros pagamos el IBI y nos autofinanciamos” ¿¿¿Qué???), “El Gobierno promociona una reforma laboral idílica” (sólo les ha faltado disfrazarse de la familia Trapp de “Sonrisas y Lágrimas”), “La Iglesia católica ofrece un trabajo fijo a quien quiera ser sacerdote” (lo que no aclaran es si el despido es a 45 o a 20 días, o si en tres trimestres va menos gente a las parroquias se les puede despedir), “Camps se siente más preparado que nunca para presidir la Generalitat o el Gobierno”(los trajes para acudir a la jura del cargo y a los actos ya los tiene), “El Gobierno quiere endurecer el delito de desobediencia tras las protestas de Valencia” (por lo visto ahora van a mandar a los antidisturbios a las fiestas de preescolar), etc. Total que en un alarde de fuerza de voluntad y padeciendo los efectos del síndrome de abstinencia consigo no sentarme ante el teclado.

Todo pintaba muy bien hasta que leo lo siguiente “HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y JOC (Juventud Obrera Cristiana) piden a la Iglesia que esté "al lado de los empobrecidos” y el cardenal les desautoriza”. La paciencia tiene un límite, así que ya no he podido aguantar más, ¡Es que no se pueden mezclar los dos temas!

En un comunicado distribuido a las parroquias del arzobispado de Madrid HOAC y JOC dicen sobre la reforma laboral: “Es otra agresión al trabajo humano como principio de vida y rompe el débil equilibrio conquistado históricamente entre capital-trabajo, alejándose del principio defendido por la Iglesia de la prioridad del trabajo frente al capital”. Enterado el cardenal Rouco, ordena rápidamente a sus vicarios que dicho comunicado sea desautorizado inmediatamente (No se puede morder la mano de quien te da de comer).

Las dos organizaciones obreras católicas manifiestan en el comunicado que la reforma laboral “quiebra el derecho constitucional a la negociación colectiva y a la capacidad organizativa de los trabajadores” y que “abre el camino para ajustar los salarios a la productividad de forma que los trabajadores más débiles van a depender de la voluntad unilateral del empresario” y que “dificulta, cuando no impide o precariza, el empleo juvenil”. O sea, lo que pensamos todos los que hemos leído el texto desde la acera contraria al gobierno o a la CEOE.

Ahora sólo nos queda ver cuando se les negará el bautismo a los hijos de los miembros de HOAC y JOC, como si se tratase de vástagos de padres no casados, o cuando se les negará la comunión como ha ocurrido a homosexuales o algunos discapacitados.

Jesús, el personaje histórico, hubiese estado en contra de lo recogido en la reforma laboral, al menos eso se desprende de sus enseñanzas.

Otra cosa es lo que opinan los príncipes de la Iglesia. 

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