Mirar para
otro lado es encubrir un delito. Y eso lo hizo el arzobispo de Granada antes de
escenificar ese esperpéntico acto de postrarse durante dos minutos ante el
altar para pedir perdón "por todas
las veces que podamos haber hecho daño a alguien". Esto lo hacía una
semana después de conocerse las detenciones por los presuntos abusos sexuales
denunciados, los cuales no fueron comunicados ni a la justicia ni a la
Conferencia Episcopal Española (CEE) por Monseñor Martínez. Esto fue reconocido
por José María Gil Tamayo, secretario
general de los obispos españoles, cuando en rueda de prensa admitió que no
supieron del caso de abusos por boca del arzobispo de Granada. "La CEE tuvo conocimiento de este
asunto a través de los medios de comunicación".
Algunas
de las frases enunciadas por Javier Martínez en su homilía hacen creer lo falso
de esa petición de perdón. El arzobispo llegó a decir que "El mal hay que erradicarlo, y cuando afecta a inocentes, más
decididamente, pero no debemos juzgar si no queremos ser juzgados". La única medida que adoptó Martínez en su
momento fue la de apartar temporalmente de su ministerio a los tres sacerdotes
implicados, entre las cuatro personas detenidas, tras la denuncia presentada
por una víctima de los citados abusos cuando era menor de edad. Pero el
arzobispo ha notificado este miércoles la retirada de la idoneidad como docente
al profesor de religión detenido, casi tres meses después de que el prelado,
Javier Martínez, conociera a finales de agosto los hechos denunciados por el
joven en los que señalaba a varios sacerdotes y laicos como presuntos autores o
encubridores de los abusos. Este alto representante de la iglesia es el mismo
que en su día hablando del aborto dijo que "Matar
a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la
licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer, porque la
tragedia se la traga ella".
No,
señor arzobispo, no me vale su pantomima de petición de perdón cuando usted,
presuntamente, encubrió a los supuestos pederastas. Sus palabras dan a entender
que no hay convencimiento en su gesto.
Usted
dice que es cristiano. Yo estoy convencido que no cree en el Dios que predica porque,
si existe, esas no fueron sus enseñanzas. Creo que usted ha elegido ser sacerdote
como podía haber dirigido su elección a otras ocupaciones como fontanero,
camarero o cualquier otra, pero quizás ésta le daba más seguridad. Simplemente
creo que ha sido para usted una salida profesional.
Si
existe, pobre Dios del que vive porque teniendo pastores como usted no necesita
detractores.