El martes en el Senado, Mariano
Rajoy, con esa naturalidad que le caracteriza, sin levantar la vista del papel
que llevaba escrito, leía "Entiendo
y comparto plenamente la indignación de los ciudadanos, lamento profundamente
la situación creada. Entiendo el hartazgo de los españoles, estas consultas
resultan particularmente hirientes cuando los españoles han tenido que aportar
tantos sacrificios y esfuerzos para sacar al país de la crisis". Yo no
le pediré perdón por no creerlo. Usted como presidente del Gobierno y del
Partido Popular es responsable directo del nombramiento del tesorero de su
partido, Luis Bárcenas, como es también el autor de los mensajes de móvil dándole
su apoyo manifiesto cuando todo el mundo sabía, incluidos esos “ciudadanos escandalizados”, que tenía
cuentas millonarias en Suiza y habían aparecido ya los papeles del extesorero.
También es usted responsable de la desaparición del término corrupción en el
diccionario de su partido, o de la evanescencia de los nombres de algunos
miembros de su formación como Fabra, Matas, Camps, Rato o el propio Bárcenas,
que han pasado a ser ante las preguntas
de los medios o de otras formaciones políticas “esa persona de la que usted me habla”. No es suficiente pedir perdón cuando ni usted cree en sus argumentos.
Su segunda en el partido, María
Dolores de Cospedal, declaró que “el PP
está tan escandalizado como los ciudadanos” y que en el Partido Popular están
“trabajando sin descanso” para que
las “malas prácticas no se vuelvan a
producir nunca más”. A usted tampoco la creo. De hecho usted perdió toda la
credibilidad cuando pronunció aquella frase de "La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido
en forma efectivamente de simulación, simulación de lo que hubiera sido en
diferido en partes de lo que antes era una retribución", en un intento
de ocultar que Luis Bárcenas había permanecido en alta en Seguridad Social,
como trabajador del Partido Popular, hasta el 31 de enero de 2013.
Ahora creen ustedes que con pedir
perdón a un pueblo, al que han llevado al colapso social aplicando la doctrina
neoliberal de la austeridad en favor de banqueros, fortunas y grandes empresas,
es suficiente.
Pues no lo es. No es suficiente.
Ustedes se autoproclamaban como el partido de los trabajadores, del empleo, de
la solidaridad y del Estado del Bienestar, el de la transparencia, de la verdad
y de la honestidad política y personal. Iban a ser, también, el partido que perseguiría
a los corruptos de forma inflexible, el que no rebajaría las prestaciones por
desempleo, el que no establecería el copago sanitario, el que no tocaría las
pensiones. Se postulaban ustedes como el partido que iba a rebajar los
impuestos, el que no subiría el IVA, el que no solicitaría el rescate bancario,
y el que, que maravilla, iba a crear millones de puestos de trabajo. Pues bien,
para ese pueblo engañado nunca será suficiente con que sólo pidan perdón.
Ayer, en el Congreso, Rajoy
volvía a soltar otra sandez al decir "hemos
cometido errores, pero no somos peores que otras profesiones", como
queriendo compararse a los ciudadanos de a pie, esos que se sienten estafados y
consideran que no es suficiente con pedir perdón, y precisamente esa es una de
las claves, que la política ni es ni debe ser nunca una profesión y ustedes la consideran como tal. Debe ser un
servicio público por un período limitado en el tiempo. Del que hay que
responder asumiendo responsabilidades.
Hoy nos desayunamos con la
noticia de que el Partido Popular ha rechazado en tan solo doce minutos, en la
Junta de Portavoces, la comparecencia del presidente del Gobierno, Mariano
Rajoy, en un pleno extraordinario monográfico para hablar de corrupción. Y
todavía creen ustedes que basta con pedir perdón.
Hace poco leí en internet,
refiriéndose a la corrupción, que ustedes habían convertido España en una
granja de engorde de cerdos y sacrificio de borregos. Piensen ustedes quiénes
son, porque yo tengo claro como nos tratan.