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jueves, 25 de septiembre de 2014

Dignidad



La reforma de la Ley del Aborto del PP, propuesta por Gallardón, era una vuelta a los confesionarios y a la quema de brujas, y a los viajes a Londres para que los más pudientes que salen a la calle a gritar en contra del aborto salvaguardaran el honor de sus hijas si cometían un desliz. Aunque hay que reconocerle al exministro que ha sido coherente al utilizar el último gesto de dignidad que le quedaba para dimitir. También hay que admitir que durante su mandato como ministro ha conseguido otro hito histórico, poner de a acuerdo a los jueces denominados progresistas y a los conservadores en las críticas a la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial o a la Ley de Tasas.


Pero si Gallardón dijo que el anteproyecto de la reforma de la Ley fue un encargo, y este documento fue aprobado en el Consejo de Ministros habría que preguntarse si es un fracaso de él solo o de alguien más y debería salir acompañado.


Claro que para salir acompañado no es necesario involucrar a los miembros del gobierno en el anteproyecto de la Ley del Aborto, basta con tirar de hemeroteca para ver dónde está o ha quedado la dignidad de los compañeros de gabinete y de partido del ya exministro.


Recuerdo que tras la noticia de las cuentas de Bárcenas, publicada por “El país”, María Dolores de Cospedal, Secretaria General del Partido Popular y Presidenta de Castilla-La Mancha, comunidad en la que aparecían unos recibí firmados por 200.000 euros que nunca entraron en la contabilidad oficial del partido presentada en el Tribunal de Cuentas, decía: “…tiene su vida propia y hace tiempo ya que no está ligado al Partido Popular”; Carlos Floriano, Vicesecretario general de Organización del PP, declaraba: “El señor Bárcenas no tiene ya ninguna relación institucional con el partido”; Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Administraciones públicas, manifestaba: “El señor Bárcenas desde el año 2009 no es miembro del Partido Popular”; Rafael Hernando, portavoz adjunto del PP en el Congreso, proclamaba: ”Los ciudadanos deben por tanto saber que el señor Bárcenas es responsable de sus actos, nada tiene que ver con mi partido”. En febrero se supo que el “presunto delincuente” siguió percibiendo una cantidad mensual del Partido Popular hasta finales de 2012. De nuevo María Dolores de Cospedal tuvo que salir a responder preguntas y dio a luz el mayor desvarío en derecho laboral oído en muchos años cuando dijo aquello de "La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido en forma efectivamente de simulación, simulación de lo que hubiera sido en diferido en partes de lo que antes era una retribución". Luis Bárcenas demandó al PP por despido improcedente, demostrando que estuvo en alta en Seguridad Social hasta el 31 de enero y, por consiguiente, como trabajador del Partido Popular. Incluso después se supo que Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, mandó un SMS a Luis Bárcenas diciéndole que fuese fuerte. El mismo presidente que cuando estalló el caso de los sobres realizó aquellas declaraciones propias de algún humorista de lo absurdo en las que decía: “Todo lo que se refiere a mí y a mis compañeros de partido no es cierto. Salvo alguna cosa que es lo que han publicado algunos medios de comunicación”.


¿Dónde está la dignidad de todos estos personajes? ¿Perdida en algún sobre?


Entiendo que, por ejemplo, la de Ana Mato se quedó en la guantera del Jaguar que un día apareció en su garaje o se le cayó en alguna de las atracciones de Disney World en el viaje pagado por la trama Gürtel o que la de Cospedal esté a buen recaudo en algún paraiso fiscal cuando afirmó: “Si alguien del PP tuviera cuentas en Suiza yo debería dimitir”.


En cualquier país civilizado dimitir de un cargo público es una opción normal  y no extraordinaria, incluso por una sencilla multa de tráfico. En España no, aquí si la policía multa al político de turno la reacción correcta debe ser darse a la fuga pasando por encima de la motocicleta del policía y comenzar una “tournée” por los medios de comunicación ofreciendo versiones contradictorias.
 
La verdad es que me da pena Gallardón porque se va al paro sin prestación por desempleo, con un hijo presuntamente delincuente. Pero siempre le quedará la esperanza de formar parte del consejo asesor de una eléctrica o de un banco para que pueda pagar un buen abogado a ese hijo.