Hay veces que, cuando leo la
prensa, me avergüenzo de ser español, pero no porque no este orgulloso de serlo
y de haber nacido en un país maravilloso. El motivo es otro. Hoy es una de esas
ocasiones en las que si algún foráneo me preguntase mi nacionalidad intentaría
decirle cualquier otra menos la española. Y es que precisamente hoy me he
cruzado con una noticia en la que se dice que España es en estos momentos la
democracia con mayor número de aforados del mundo. Y lo más grave es que el
aforamiento es total, no sólo para los delitos exclusivos de su ejercicio político.
Según el artículo se calcula que en la actualidad hay 10.000 ciudadanos con una
protección jurídica especial, aunque otras estimaciones elevan esa cifra hasta
las 250.000 personas. Y esto ocurre en el siglo XXI y en un país que en su
norma suprema se autoproclama como un Estado Social y Democrático de Derecho.
Yo no puedo entender que un
estado, sea cual sea, se pueda considerar democrático cuando permite que sus
políticos puedan delinquir y no ser tratados por la justicia igual que
cualquier otro ciudadano. De hecho, la democracia, por definición, no existe
desde el momento en el que todos sus ciudadanos, sin distinción, no son
tratados igual ante a ley. Y es precisamente por razones como esta por lo que
en Europa no se fían de nosotros. Nuestros políticos se asemejan a los caciques
de antaño, y se preocuparon, en la transición, de blindarse y de legislar guardándose
para la clase política una serie de privilegios que ahora, treinta y cuatro
años después, están llevando a la indigencia a las clases menos favorecidas,
haciendo desaparecer la clase media y convirtiendo España en un país de
caciques y súbditos, que trabajan y malviven para mantener todos los derechos y
privilegios de lo primeros.
Parece ser que la verdadera democracia
no ha terminado de llegar a España. Hasta ahora nos han estado tomando el pelo
con lo de ir a votar cada cuatro años sólo para que ellos alcancen el poder y
lo utilicen como un cheque en blanco, sin tener que dar explicaciones de sus
actos al electorado o haciéndolo a través de un televisor como nuestro actual
presidente. El sólo hecho de que los padres de la Constitución de 1978
incluyesen el aforamiento en el texto constitucional me parece una aberración
que va contra el artículo 14 del propio texto.
Ahora comprendo porque la prima de riesgo, que para los países de la Unión Europea consiste en el sobreprecio que paga un país para financiarse en los mercados en comparación con Alemania, se dispara. También empiezo a entender porque en Europa se parten de risa cada vez que nuestros políticos proponen los eurobonos. En esto los alemanes también nos ganan por goleada, como en la Champions, en España hay, según el artículo, entre 10.000 y 250.000 aforados, en Alemania ninguno.