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lunes, 9 de junio de 2014

¿Cambio de traje o de casa?



Ante el momento histórico que estamos viviendo, una parte de la sociedad española pide decidir si debemos ser una monarquía constitucional o una república. El que esto escribe se considera republicano pero con la convicción de que ante tres candidaturas a unas elecciones a presidente de la República, una encabezada por Felipe de Borbón y las otras dos por algún miembro del PP o del PSOE, mi voto, conociendo lo que tenemos, iría con total seguridad al actual príncipe. El motivo es bien sencillo. No se trata de pasar de monarquía constitucional a república con los políticos que tenemos. Yo no quiero un presidente de república de un partido en el que corruptos sigan ocupando puestos, o no estén en la cárcel o, simplemente, se libren de ella pudiendo pagar una fianza imposible para el ochenta por ciento de los españoles. Yo no quiero cambiar de traje y hacerme otro con una tela podrida, mi deseo es cambiar toda la casa, no sólo una parte de mi armario.


Los españoles necesitamos impulsar un cambio radical de nuestros representantes antes de pensar en otra cosa. PP y PSOE no ofrecen más que mantener el mismo modelo de encono contra los ciudadanos, a los que nos han llevado a una situación crítica de la que no saldremos si no es dándoles la espalda a ambos en las urnas. Y hay que pensar, a tenor de lo que vemos en la prensa, que el reinado de Felipe VI va a nacer cojo, ya que la ley orgánica que le permitirá el relevo la van a aprobar básicamente PP y PSOE, para lo que ya han pactado y no van a dar libertad de voto a sus diputados, a pesar de que algunos lo han solicitado. Sólo contarán con el apoyo de UPyD y algún partido menor. CiU y PNV se abstendrán. Esa cojera de nacimiento no es porque le vayan a faltar votos, ya que van a contar casi con el noventa por ciento de la cámara, pero quedará marcada como la opción pactada por los dos grandes partidos sin contar con el resto de los que conforman el arco parlamentario. Ésta forma de hacer política es la que expresó Cañete en su momento: "Los partidos pequeños no tienen ningún impacto, no hablaré de ellos". Probablemente quería decir ni de ellos, ni con ellos. De esta manera tanto PP como PSOE no sólo apartan a todos aquellos ciudadanos que no votaron o que lo hicieron a partidos que no obtuvieron representación, sino que excluyen directamente a todos aquellos españoles que no les votaron a ellos.


Y, probablemente, están sacrificando al futuro rey en su afán de salvarse ellos, ya que el peor favor que pueden hacerle es ser la opción pactada por los dos partidos que tratan al pueblo español como a un niño al que hay que tutelar y no escuchar porque puede hacer cosas no deseables. Demostrando así el tipo de democracia de baja intensidad que defienden. Sólo se es demócrata si se hace lo que ellos  indican. En caso contrario se es calificado de antisistema.


Ante este panorama, personalmente, preferiría que se acometiera una verdadera regeneración de todas nuestras instituciones, de nuestra legislación y de los poderes del Estado, que desaparecieran de la vida política todos los indeseables que pululan por ella y, por supuesto, que, con una democracia de alta intensidad, sea el pueblo el que decida el tipo de estado que quiere. Hoy día, en el momento que vivimos, me daría nauseas ver a Rubalcaba, Aznar o Rajoy como presidentes de la república.