Ante el momento histórico que
estamos viviendo, una parte de la sociedad española pide decidir si debemos ser
una monarquía constitucional o una república. El que esto escribe se considera
republicano pero con la convicción de que ante tres candidaturas a unas
elecciones a presidente de la República, una encabezada por Felipe de Borbón y
las otras dos por algún miembro del PP o del PSOE, mi voto, conociendo lo que
tenemos, iría con total seguridad al actual príncipe. El motivo es bien
sencillo. No se trata de pasar de monarquía constitucional a república con los
políticos que tenemos. Yo no quiero un presidente de república de un partido en
el que corruptos sigan ocupando puestos, o no estén en la cárcel o,
simplemente, se libren de ella pudiendo pagar una fianza imposible para el
ochenta por ciento de los españoles. Yo no quiero cambiar de traje y hacerme
otro con una tela podrida, mi deseo es cambiar toda la casa, no sólo una parte
de mi armario.
Los españoles necesitamos
impulsar un cambio radical de nuestros representantes antes de pensar en otra
cosa. PP y PSOE no ofrecen más que mantener el mismo modelo de encono contra
los ciudadanos, a los que nos han llevado a una situación crítica de la que no
saldremos si no es dándoles la espalda a ambos en las urnas. Y hay que pensar,
a tenor de lo que vemos en la prensa, que el reinado de Felipe VI va a nacer
cojo, ya que la ley orgánica que le permitirá el relevo la van a aprobar básicamente
PP y PSOE, para lo que ya han pactado y no van a dar libertad de voto a sus
diputados, a pesar de que algunos lo han solicitado. Sólo contarán con el apoyo
de UPyD y algún partido menor. CiU y PNV se abstendrán. Esa cojera de
nacimiento no es porque le vayan a faltar votos, ya que van
a contar casi con el noventa por ciento de la cámara, pero quedará marcada como
la opción pactada por los dos grandes partidos sin contar con el resto de
los que conforman el arco parlamentario. Ésta forma de hacer política es la que
expresó Cañete en su momento: "Los partidos pequeños no tienen ningún
impacto, no hablaré de ellos". Probablemente quería decir ni de ellos, ni
con ellos. De esta manera tanto PP como PSOE no sólo apartan a todos aquellos
ciudadanos que no votaron o que lo hicieron a partidos que no obtuvieron
representación, sino que excluyen directamente a todos aquellos españoles que
no les votaron a ellos.
Y, probablemente, están
sacrificando al futuro rey en su afán de salvarse ellos, ya que el peor favor
que pueden hacerle es ser la opción pactada por los dos partidos que tratan al
pueblo español como a un niño al que hay que tutelar y no escuchar porque puede
hacer cosas no deseables. Demostrando así el tipo de democracia de baja
intensidad que defienden. Sólo se es demócrata si se hace lo que ellos indican. En caso contrario se es calificado
de antisistema.
Ante este panorama,
personalmente, preferiría que se acometiera una verdadera regeneración de todas
nuestras instituciones, de nuestra legislación y de los poderes del Estado, que
desaparecieran de la vida política todos los indeseables que pululan por ella y,
por supuesto, que, con una democracia de alta intensidad, sea el pueblo el que
decida el tipo de estado que quiere. Hoy día, en el momento que vivimos, me daría
nauseas ver a Rubalcaba, Aznar o Rajoy como presidentes de la república.