Llevaba casi dos meses sin
escribir. En el fondo anhelaba que la situación hubiese cambiado un poco. Que
la podredumbre que amenazaba a nuestra sociedad no siguiese avanzando. Que las
noticias sobre casos de corrupción no crecieran. Pero desgraciadamente la
situación no ha variado nada. Quizás haya empeorado. He llegado a la conclusión
de que han convertido nuestro sistema político e institucional en algo caduco y
podrido.
Nuestros gobernantes se
vanaglorian que las reformas emprendidas están comenzando a dar sus frutos.
Pero, probablemente, no son los resultados que necesita nuestra sociedad sino
los que desde un principio ellos deseaban. Se asemejan más con el convertir
nuestro país en un estado tercermundista en el que la diferencia entre ricos y
pobres sea cada vez mayor. De hecho ya han conseguido a base de “reformas”, a
golpe de decreto, colocarnos en la cuarta posición por la cola. “Infolibre. es” publicaba el otro día que
de treinta países europeos sólo en Bulgaria, Letonia y Portugal se registran
mayores diferencias entre ricos y pobres.
A nuestros políticos sólo les
interesa engordar sus cuentas corrientes sin importarles, en muchísimos más
casos de los deseables, que esos ingresos sean algo o muy turbios. Se da el
caso que un banco al que se le han regalado 24.000 millones de euros de dinero
público ha vendido a tres fondos buitres, en uno de los cuales trabaja el hijo
del insigne José María Aznar, tres carteras de créditos morosos por valor de
1.353,9 millones. Nos dan resultados de sus políticas como si fuésemos
imbéciles. Como cuando nos dicen que en agosto el paro bajó en treinta y una
personas. Pero no nos explican que la
Seguridad Social perdió en ese mes 99.069
afiliados. Entonces ¿Realmente ha bajado el paro? O no es más cierto que buena
parte de las personas que pierden su trabajo no están apuntándose de nuevo en
las oficinas de empleo, ya sea porque carecen de estímulos, porque emigran,
abandonan derrotados la búsqueda de trabajo o se zambullen en la economía
sumergida.
Pero quizás la peor lectura de la
crisis es que la sociedad está reaccionando ante esta estafa alevosa y dolosa
contra las clases menos favorecidas encogida por el miedo a que todo empeore, y esto hace que las críticas sean en cierto
sentido moderadas, la crisis nos hace más conservadores. Esto, por supuesto, beneficia al gobierno actual.
Si no fuese así, nadie en su sano juicio puede explicar porque mantienen aún un
30% de la intención de voto.
Viendo que todo sigue igual o
peor me acuerdo de una cita que leí el otro día: “La diferencia entre un político y un ladrón es que al primero lo elijo
yo, y el segundo me elige a mí.”