La pasada semana fue la peor
vivida por el Partido Popular desde que comenzó la legislatura en cuanto a
noticias aparecidas sobre casos de corrupción. Todavía tenemos que soportar que
aparezca el señor Rajoy diciendo que son “unos
pocos casos puntuales que no son todos los españoles”. Por supuesto que no
son todos los españoles. Son altos cargos de su partido. En la rueda de prensa
celebrada tras la reunión, en Bruselas, del Consejo Europeo el presidente ha
manifestado que trabaja para que “todas
esas cosas se sepan”. Pero ¿Cuándo ha empezado a trabajar para eso? Porque
en 2013 el juez Pablo Ruz tuvo que ordenar un registro de la sede del PP ante
la falta de colaboración de esta formación política en la investigación del
caso Bárcenas. Fruto de esa investigación el magistrado ha dictado un auto en
el que mantiene que el Partido Popular pagó 750.000 euros “fuera de los circuitos económicos legales” para las obras de
reforma en la planta baja de su sede en la calle Génova. Esa cantidad, abonada
en 2006, hay que sumarla a los 960.347 euros pagados en B desde 2008 para la
remodelación.
Todavía tenemos que oír los
ciudadanos de boca de María Dolores de Cospedal que "El PP está escandalizado como todos, y estamos trabajando sin
descanso para que no se repitan las malas prácticas del pasado" y a la
siempre “presunta dudosa” Rita Barberá que "por
muy duros y vergonzantes que sean algunos titulares de los medios, que siempre
caen de nuestro lado, el PP es el responsable de muchas buenas noticias que
salen en titulares más pequeñitos". Cada vez estoy más convencido que
nos toman por tontos, de que gobiernan contra, y no para, alguien. De que
siempre andan buscando enemigos procurando tener a los ciudadanos atados a
través de una ley que les impida levantar la voz ante los desmanes cometidos. Cuando
resulta que los que infringen las leyes son ellos. Los que jalean las medidas
que se toman desde el gobierno contra parados, niños al borde del umbral de la
pobreza, desahuciados y pensionistas
engañados por las preferentes, al grito de “que
se jodan” o con irónicos “oooh”. Esos
elogios y ánimos surgidos desde la bancada popular en el congreso ante una
reforma laboral que ha convertido a los trabajadores de España en los chinos de
Europa, ante una reforma educativa que prima el poder adquisitivo de los
alumnos ante la excelencia, ante la congelación de los salarios, ante los
recortes en educación, ante el desmantelamiento de la sanidad pública, ante la
disminución de las cuantías de las becas de estudios, de comedor y transporte,
ante la restricción de prestaciones sociales básicas y ante tantas atrocidades
cometidas contra los que no tenían culpa de la crisis, contra los que según
ustedes vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Mientras hacían que
España retrocediera cincuenta años se
han llevado nuestro dinero y lo han ocultado en cuentas en paraísos fiscales o
se han subido los sueldos a ustedes y a sus altos cargos o aumentan el número
de sus asesores o adjudican contratos a amigos y conocidos a cambio de puestos
posteriores como miembros en algún consejo de administración.
Desde hace tiempo, cada día desayunamos
con un nuevo escandalo que salpica al partido en el gobierno. Hoy, sin ir más
lejos, nos despertamos con la noticia de que Agentes de la Guardia Civil, a las
órdenes del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco, han desarrollado esta mañana
una macrorredada y registros en empresas y domicilios particulares durante los
que han sido detenidos el exvicepresidente de la Comunidad de Madrid, Francisco
Granados, y varios constructores por el pago de dinero a cambio de favores
políticos.
Si pensamos en las declaraciones
del presidente del gobierno y del resto de dirigentes del Partido Popular resulta
que son los líderes de la transparencia y la honradez, así como el azote de los
corruptos, y que gracias a ellos están saliendo a la luz los últimos casos de
corrupción . Pero quizás habría que preguntarles cómo pueden evitar que se
produzca la corrupción cuando es algo que, según esas manifestaciones, no
existe en su partido.
Pero para mí lo más dramático es
que a pesar de todos los casos de corrupción que están saliendo a la luz, a día
de hoy aún existe, según el último sondeo difundido por Telecinco, un 28 % de
la población dispuesto a votarles.
Un 28% dispuesto a ver que pueden rapiñar
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