No es una cuestión de PSOE ni de PP, nada tiene que ver. Esto tiene que
ver con la impunidad con la que actuan nuestros políticos mientras
nosotros, el pueblo soberano, hablamos y hablamos en los bares, en el
trabajo, con los amigos y decimos que hay que hacer algo. Pero cuando
nos quedamos solos volvemos a esconder la cabeza como los avestruces y
no nos acordamos de todo esto hasta que volvemos a ver, oir o leer
alguna noticia que haga que vuelva a saltar el resorte de la
indignación.
Decía Jesús Sainz Astigarraga en un artículo atribuido en la red a Pérez-Reverte:
"Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA, en el caso Couso, que González era la X del GAL, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel, que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 40 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal y no decís nada, os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda y seguís callados ¿sois idiotas?
Tenéis una monarquía que se ha enriquecido en los últimos años, que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media ¿sois idiotas?
En Inglaterra o Francia o Italia o en Grecia o en otros países los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones mientras en España no se mueve casi nadie ¿sois idiotas?"
Y creo que lleva toda la razón cuando nos pregunta si somos idiotas. Somos el pueblo y, para mal o para bien, somos los que, con nuestros votos y, en la mayoría de los últimos sufragios, con nuestras abstenciones, los colocamos ahí. A la vez que consentimos que una vez que toman posesión se suban los salarios a su libre albedrío, votando para eso como un único grupo sin discrepancias partidistas ni ideológicas. Consentimos también que coloquen a miles de asesores, muchisimos de ellos con un nivel cultural que no sabrían decirte si España es una república o una monarquía, y mucho menos explicarte que es una monarquía constitucional.
Además, como "quien hizo la ley, hizo la trampa" y ante la imposibilidad de colocar a sus amigotes directamente en las Administraciones Públicas, ya sean general, autonómicas o locales, crearon las empresas con capital público, donde, sobre todo a nivel local, se han ido metiendo a los amigos cercanos a los miembros de las corporaciones, en muchos casos con el silencio de numerosos sindicalistas, que también tenían apalabradas sus listas de candidatos a dichas sociedades, por lo que era mejor estar calladitos.
El sistema era muy sencillo. Se mandaba a la persona que se quería contratar al Servicio Público de Empleo correspondiente. Se daba de alta, si no lo era ya, como demandante de empleo y se actualizaba al máximo el historial, haciendo constar hasta el último detalle curricular. Se dejaban pasar unos días y se presentaba en el Servicio Público de Empleo una oferta de trabajo en la que lo único que faltaba era poner el nombre del candidato pues en la mayoría de los casos se solicitaban cursos y detalles que sólo tenía la persona que se quería seleccionar y que no tenían nada que ver con el puesto de trabajo. En ocasiones, si había alguien más que cumpliese los rebuscados requisitos exigidos, se anulaba la oferta de empleo para volverla a presentar días más tarde con alguna nueva condición hasta conseguir que el Servicio Público de Empleo enviase únicamente al candidato deseado.

El siguiente paso era bastante más sencillo. Ante la imposibilidad de realizar un contrato indefinido se firmaba uno de duración determinada por Circunstancias de la Producción, que legalmente tenía una duración máxima de seis meses, pudiendo llegar a doce meses si se ampliaba este plazo en los convenios colectivos sectoriales. Este tipo de contrato sólo admitía una prórroga si no se concertaba por el tiempo límite. Según la legislación laboral si una vez llegado al final de su contrato de duración determinada el trabajador seguía prestando sus servicios, el carácter de dicha relación contractual se convertía en indefinido, igual ocurría si se presentaba más de una prórroga.
Ya sólo quedaba olvidarse del contrato en el primero de los casos o "cometer el error de presentar una segunda prórroga", en el segundo. Una vez hecho esto el tiempo corría a favor de la persona contratada y, además ya daba igual que cambiase el partido en el poder pues sólo con denunciar esta situación en los Juzgados de lo Social se conseguía una sentencia que convertía ese contrato en indefinido.
Mientras tanto, los que pagamos todo este tinglado, tenemos que estudiar unas oposiciones. a veces durante años, para poder acceder a un puesto de trabajo dependiente de cualquiera de las administraciones existentes en España.
Ellos no lo van a parar, sólo nosotros podemos, en la sociedad de la información es mucho más fácil de lo que parece conseguir 500.000 firmas para llevar al Congreso una iniciativa legislativa popular. Así que volviendo a citar textualmente a Jesús Sainz Astigarraga:
"Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con "cara y ojos" para acabar con estos privilegios, y con otros.
Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos.
ÉSTA SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos.
¿DONDE ESTÁ LA GENTE? QUE LEVANTAN MASAS PARA EL FÚTBOL Y NO PARA DEFENDER NUESTROS DERECHOS."
Y, SOBRE TODO, PARA DEFENDERNOS DE NUESTROS POLÍTICOS.
Decía Jesús Sainz Astigarraga en un artículo atribuido en la red a Pérez-Reverte:
"Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA, en el caso Couso, que González era la X del GAL, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel, que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 40 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal y no decís nada, os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda y seguís callados ¿sois idiotas?
Tenéis una monarquía que se ha enriquecido en los últimos años, que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media ¿sois idiotas?
En Inglaterra o Francia o Italia o en Grecia o en otros países los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones mientras en España no se mueve casi nadie ¿sois idiotas?"
Y creo que lleva toda la razón cuando nos pregunta si somos idiotas. Somos el pueblo y, para mal o para bien, somos los que, con nuestros votos y, en la mayoría de los últimos sufragios, con nuestras abstenciones, los colocamos ahí. A la vez que consentimos que una vez que toman posesión se suban los salarios a su libre albedrío, votando para eso como un único grupo sin discrepancias partidistas ni ideológicas. Consentimos también que coloquen a miles de asesores, muchisimos de ellos con un nivel cultural que no sabrían decirte si España es una república o una monarquía, y mucho menos explicarte que es una monarquía constitucional.
Además, como "quien hizo la ley, hizo la trampa" y ante la imposibilidad de colocar a sus amigotes directamente en las Administraciones Públicas, ya sean general, autonómicas o locales, crearon las empresas con capital público, donde, sobre todo a nivel local, se han ido metiendo a los amigos cercanos a los miembros de las corporaciones, en muchos casos con el silencio de numerosos sindicalistas, que también tenían apalabradas sus listas de candidatos a dichas sociedades, por lo que era mejor estar calladitos.
El sistema era muy sencillo. Se mandaba a la persona que se quería contratar al Servicio Público de Empleo correspondiente. Se daba de alta, si no lo era ya, como demandante de empleo y se actualizaba al máximo el historial, haciendo constar hasta el último detalle curricular. Se dejaban pasar unos días y se presentaba en el Servicio Público de Empleo una oferta de trabajo en la que lo único que faltaba era poner el nombre del candidato pues en la mayoría de los casos se solicitaban cursos y detalles que sólo tenía la persona que se quería seleccionar y que no tenían nada que ver con el puesto de trabajo. En ocasiones, si había alguien más que cumpliese los rebuscados requisitos exigidos, se anulaba la oferta de empleo para volverla a presentar días más tarde con alguna nueva condición hasta conseguir que el Servicio Público de Empleo enviase únicamente al candidato deseado.

El siguiente paso era bastante más sencillo. Ante la imposibilidad de realizar un contrato indefinido se firmaba uno de duración determinada por Circunstancias de la Producción, que legalmente tenía una duración máxima de seis meses, pudiendo llegar a doce meses si se ampliaba este plazo en los convenios colectivos sectoriales. Este tipo de contrato sólo admitía una prórroga si no se concertaba por el tiempo límite. Según la legislación laboral si una vez llegado al final de su contrato de duración determinada el trabajador seguía prestando sus servicios, el carácter de dicha relación contractual se convertía en indefinido, igual ocurría si se presentaba más de una prórroga.
Ya sólo quedaba olvidarse del contrato en el primero de los casos o "cometer el error de presentar una segunda prórroga", en el segundo. Una vez hecho esto el tiempo corría a favor de la persona contratada y, además ya daba igual que cambiase el partido en el poder pues sólo con denunciar esta situación en los Juzgados de lo Social se conseguía una sentencia que convertía ese contrato en indefinido.
Mientras tanto, los que pagamos todo este tinglado, tenemos que estudiar unas oposiciones. a veces durante años, para poder acceder a un puesto de trabajo dependiente de cualquiera de las administraciones existentes en España.
Ellos no lo van a parar, sólo nosotros podemos, en la sociedad de la información es mucho más fácil de lo que parece conseguir 500.000 firmas para llevar al Congreso una iniciativa legislativa popular. Así que volviendo a citar textualmente a Jesús Sainz Astigarraga:
"Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con "cara y ojos" para acabar con estos privilegios, y con otros.
Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos.
ÉSTA SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos.
¿DONDE ESTÁ LA GENTE? QUE LEVANTAN MASAS PARA EL FÚTBOL Y NO PARA DEFENDER NUESTROS DERECHOS."
Y, SOBRE TODO, PARA DEFENDERNOS DE NUESTROS POLÍTICOS.





