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jueves, 27 de marzo de 2014

Un hombre y tres muertes



Tras todos los actos y fastos organizados para despedir a Adolfo Suárez y viendo, ya desde la lejanía, las declaraciones de unos y otros y los titulares de los informativos y de los periódicos quiero analizar estos días desde la muerte del expresidente.


Tuve la suerte de vivir la transición, al menos en lo que a ilusión supuso, y he de reconocer el mérito de Adolfo Suárez entonces. Viniendo de la Falange llegó en 1975 a Ministro Secretario General del Movimiento, y supo cerrar un ciclo y abrir otro contando con la oposición a la que tuvo que enfrentarse. Y cuando hablo de antagonistas no me refiero a la izquierda antifranquista, porque ésta, la exiliada o la clandestina, con tal de volver a ocupar un sitio en el panorama político español estuvo dispuesta a pactar y a dar carpetazo a cuarenta años de dictadura obviando las víctimas y sin culpables. La verdadera oposición la encontró Suárez en los franquistas fanáticos que ocupaban altos cargos tanto políticos como militares. Fue la transición del miedo. Miedo en una población y en unos representantes de izquierda que temían un nuevo levantamiento del ejército si demandaban más de lo que les ofrecían. Temor en los órganos del Estado, por un lado, a que la oposición de la población a la dictadura creciese hasta dar lugar a una revolución, y por otro, al entorno internacional que exigía ya una democratización de la sociedad española.


Pero de lo que realmente quiero hablar es de los aduladores, lisonjeros y tiralevitas que hemos visto todos estos días entre nuestros políticos y los medios de comunicación que le atacaron con todo lo que tenían a mano mientras estuvo en activo e incluso después de su dimisión y retirada de la vida política. Y es que al final Suárez no gustaba a nadie ni dentro de la UCD, su propio partido, ni a la cúpula militar, ni por supuesto a la oposición, ni a una parte de la iglesia ni a los medios de comunicación. Todos, sin excepción, lo invitaron a irse.


Yo creo que Adolfo Suárez, del que nunca fui partidario, fue un político honrado que hizo lo mejor que supo y le permitieron hacer con lo que había y hasta donde se podía llegar. Y hay que reconocerle que estuvo ahí y que, probablemente, sin él no se hubiese dado una transición como la que tuvimos. Eso nunca lo sabremos.


También mantengo que Suárez murió tres veces. La primera cuando en 1991 dimitió como presidente del CDS y renunció a su escaño en el Congreso. La segunda cuando su hijo anunció en 2005 que padecía Alzheimer y que ni siquiera recordaba que había sido presidente del gobierno. Y la tercera, la física, en la que hemos podido volver a comprobar la catadura moral de muchos de nuestros políticos y periodistas. Aunque lo de los primeros no es de extrañar viendo el respeto que muestran por los vivos que les han votado.
 
Sinceramente creo que ha muerto un hombre honesto que creyó en su pueblo y que intentó hacerlo lo mejor posible. Descanse en Paz

jueves, 20 de marzo de 2014

Hubo un tiempo lejano en el que en España…



Viendo que España es el país de la OCDE donde más han aumentado las desigualdades desde el inicio de la crisis, me pregunto qué parte de culpa tenemos los ciudadanos. Las respuestas no vienen rápidamente, porque no se  simplifican en votar a un partido o a otro. La explicación quizás debamos buscarla en que en España ha habido un grupo numeroso de la población, que al principio de la democracia tenía mentalidad progresista, que confundió, con el paso de los años, el tener una casa, un vehículo de gama medio alta, unos ahorrillos en el banco y televisión de pago, con la idea de ser el prototipo de la clase media española. Pero habría que preguntarse también cómo llegó a esa situación la mayor parte de esa artificial clase media. Y la respuesta es clara y contundente. Los bancos concedieron créditos sin ton ni son, sin apenas verificar que los prestatarios pudiesen hacer frente a ellos.


Este sector de la población se hizo un poco o un muy conservador, como arma para proteger ese status logrado, a la vez que se hacía eco de las campañas que algunos medios hicieron para hacernos creer que nuestro sistema social era insostenible. Incluso llegó a apoyar la privatización de servicios públicos esenciales para los sectores de la población más desfavorecidos y con menos recursos. Pero cuando todo ese forillo irreal se derrumbó esa ilusoria clase media se precipitó al vacío, que en este caso era el paro, sin pasar por sus orígenes obreros. A esto habría que sumar que los grandes empresarios e inversores aplicaron el método chino, rebajando salarios, condiciones y derechos laborales a los trabajadores para maximizar los beneficios empresariales a costa de la calidad de vida de sus empleados, y cambiando el término crecimiento por sometimiento. Haciendo real, en España, la cita de Lenin: “La esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo incluso bajo la república burguesa más democrática”. Mientras, los bancos con sus préstamos difíciles de recuperar, se encargaron de hacer el resto, haciendo partícipes de sus maniobras a los miembros de esa clase media de forma que consiguieron que, sin darse cuenta, fueron ellos los que hipotecaron sus vidas y su futuro.


Para colmo de males nuestros representantes electos, da igual la formación a la que pertenezcan, se han posicionado también frente al sector más débil de la población. Prueba de ello, como publicaba “El País” el 2 de septiembre de 2012, más de 50 ex altos cargos políticos figuran como administradores de empresas del Ibex. Así como el numeroso grupo que forma parte de los consejos de eléctricas y bancos dando muestra de la alianza no firmada entre el sector financiero y los partidos.


Lo más escalofriante de esta situación es cuando fijamos nuestra atención en nuestros jóvenes. Esos que no han podido opinar ni decir que piensan del brutal cambio que se está produciendo en nuestras vidas. Esos que si son muy afortunados encontrarán un puesto de trabajo regulado por un contrato lleno de resquicios legales, mal pagado y con un despido supeditado a los deseos del empresario para volver al desempleo. Esos que no tienen culpa de que, según el gobierno, hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que probablemente se conviertan en la única generación que va a vivir peor que sus padres.


Deseo fervientemente no tener que contarles a mis nietos cuentos que comiencen: “Hubo un tiempo lejano en el que en España prevalecían los derechos del ciudadano”.

martes, 11 de marzo de 2014

Ni olvido, ni perdón



Hoy es un día triste, un día para recordar a las 191 personas que murieron en aquellos trenes, también a los 1856 heridos y a los que lograron sobrevivir y fueron dañados psicológicamente y, sobretodo, en el corazón porque les quedó una lesión que nunca conseguirán eliminar. También es un día para estar junto a los familiares de todos ellos. Hoy es el día de las víctimas y sus familias. El día que no pudieron tener hace diez años porque hubo políticos a los que les interesaba más polarizar el atentado y los hechos como si de una simple lucha partidista se tratase. Pero no hay justificación que dé validez a la utilización de un acto terrorista con fines políticos.


Recuerdo con vergüenza como Pilar Manjón, madre de una de las víctimas y presidenta de la Asociación de Víctimas del 11M, sacó los colores a los miembros de la Comisión de Investigación cuando les espetó: “En esta comisión, han discutido sobre quién habló, de qué y cuándo se informó. Han hablado de circunstancias, de manejos y manipulaciones, de desinformaciones, de confidentes y de desconfianzas. Han hablado de circunloquios o periferias. Han hablado señorías, de ustedes. Esencialmente de ustedes. Ha sido la comisión de ustedes y para ustedes”. Y mientras los miembros de la Comisión de Investigación se aburrían, bostezaban o simulaban prestar atención a las palabras de Pilar Manjón, esta les decía: “Para ustedes todo es política, y para ustedes todo significa partidismo pero, afortunadamente, fuera de esta casa aún queda mucho aire fresco y mucha luz bajo el cielo”. Y todos nos vimos reflejados en esa madre cuando dijo a los miembros de la comisión: “¿De qué se reían, señorías? ¿Qué jaleaban? ¿Qué vitoreaban en esta su comisión?”.


También me acuerdo con tristeza como unos políticos consiguieron dividir a una sociedad que acababa de recibir el golpe más duro de su historia, una madre a la que habían arrebatado de golpe a 191 de sus hijos. Como recuerdo la indignación que sentí durante años cuando parte de la prensa olvidaba su deber de informar objetivamente, cosa inexistente en este país, para, a pesar de existir una condena firme, seguir alimentando la llamada teoría de la conspiración. Así como me indigna ahora que todavía existan personas que aún mantengan el rescoldo de esta postura por no dar su brazo a torcer.


Ahora me avergüenzo de leer en internet, diez años después, comentarios como este: “…tenéis que tener muy claro que diez años después es cada vez más evidente que fue milimétricamente diseñada para cambiar un gobierno y que Zapatero llegó al poder gracias a la indecente manipulación que se hizo de ella desde el 11 hasta el14M…”


Y, la verdad, es que a mí me importa otra cosa, me incomoda sobremanera lo barato que sale matar en nuestro país. Como me molesta el ruido, los alborotos y las manifestaciones que se organizaron cuando la Unión Europea tumbó la doctrina Parot, y que nadie halla alzado la voz cuando ya hay ocho convictos por el 11M que se encuentran en libertad, así como que el día 16 de marzo saldrá el siguiente condenado por un atentado que en un solo día ha matado a casi doscientas personas.
 
Enrique Múgica, tras el asesinato de su hermano por la banda terrorista ETA dijo “ni olvido, ni perdono”, y eso es precisamente lo que creo que merece alguien capaz de realizar tremenda atrocidad: “ni olvido, ni perdón”.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Un solo caso es una barbaridad

Me enseñaron de pequeño que a las mujeres había que respetarlas siempre. Pero esa enseñanza no se basaba en un modelo de igualdad, era más bien una idea que venía amparada por el machismo dominante y desde una concepción de la generosidad del hombre que se consideraba la base y el sostén de la pareja. Hoy, siglo XXI, nos despertamos con una noticia sorprendente. Según un estudio de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea 62 millones de europeas han sufrido violencia machista. Este dato significa que una de cada tres mujeres del viejo continente ha sido víctima de esta.

En España el porcentaje es del 22%, más bajo que en el resto de países encuestados y muy cercano a Chipre o Polonia, lo que hace sospechar un poco de este dato. Y es que hay que tener en cuenta que aquí todavía existe un alto porcentaje de mujeres que no denuncia por creer que es un tema tabú o porque el nivel de tolerancia es más alto ante actos que en otros países si se considerarían agresiones físicas o verbales. Y nuestro país no se caracteriza por luchar contra esas ideas. De hecho, la Sección Femenina de Falange de las J.O.N.S. y la S.F., que existió entre 1934 y 1959 defendía como ideario político el “Fomentar los valores tradicionales que evocaban la figura de la madre y de la esposa sumisa como prototipo femenino”. Ya en 2013, el libro “Cásate y sé sumisa”, editado por el Arzobispado de Granada mantenía que “La mujer lleva inscrita la obediencia en su interior. El hombre, en cambio, lleva la vocación de la libertad y de la guía”. ¡Que poco hemos cambiado!

En España hasta hace muy poco el que un señor pegara a su mujer era considerado algo normal, era que tenía muy mal humor o muy mala bebida y eran “cosas de pareja” en las que no había que meterse. ” ¿Quién no discutía alguna vez con su mujer?”. Y aunque desde 2004 ha habido un gran avance con la Ley Integral contra la Violencia de Género y un cambio de mentalidad en gran parte de la sociedad que ya ve como una lacra y una reminiscencia de una sociedad machista la violencia contra la mujer. Quizás hay algo en la ley que habría que mejorar. Hay muchas mujeres que no se reafirman en la denuncia, que perdonan al maltratador o que sencillamente no llegan a presentarla y en esos casos, en mi opinión, habría que actuar de oficio.

Pero donde realmente se comienza a construir una sociedad cuyos cimientos hundan sus raíces en la igualdad es en la educación, esta no debe amparar actitudes constitutivas de delito. Hay que realizar un esfuerzo para enseñar a los niños a respetar a las niñas y a verlas como su igual. Y no vamos a lograr vivir en una sociedad igualitaria hasta que consigamos ver que la más mínima agresión física o verbal parezca a la sociedad en la que vivimos un acto deplorable. Un pueblo en el que se intente enseñar que ninguno es más que el otro y que las relaciones entre hombres y mujeres deben basarse en el respeto mutuo.

En una sociedad igualitaria un solo caso de violencia contra la mujer es una barbaridad.