Conforme voy viendo noticias,
después de casi dos meses sin escribir, me pregunto qué mal hemos hecho para
condenar a nuestros hijos y nietos a pasar hambre, frío, obligarlos a emigrar
para trabajar o que se mueran en los pasillos de los hospitales. La respuesta
me viene como una bofetada. Hemos creído en un falso sistema democrático. En un
sistema en el que nuestros políticos se muestran tremendamente eficaces para
sus gestiones y negocios personales, no hay más que mirar cuántos de ellos
nadan en la opulencia, y completamente ineptos a la hora de gestionar los
intereses comunes, los del Estado. Esos no interesan.
Hace ya mucho que en España ganar
unas elecciones supone haber sido agraciado con un don divino que permite a sus
beneficiarios solucionar definitivamente su vida, incluso la de sus familiares
y allegados. La fuerza o el poder de esa gracia celestial es directamente
proporcional a la mayoría obtenida. Si esta es absoluta, como la de ahora, y el
líder un mediocre, como el actual, el pueblo tiene la sensación de que no hay
nada que hacer y de que para los integrantes de la denominada casta política
vale todo. Tanto que no les parece mal enriquecerse a costa del pueblo y de los
recursos que son propiedad de este mientras piden a los demás que hagamos un
sacrificio tras otro para hacer frente a la crisis. Y, por supuesto, no les
importa mentir e incumplir promesas. ¿O dimitirá ahora Cospedal aunque alguien
le recuerde sus palabras: “Si alguien del
PP tuviera cuentas en Suiza yo debería dimitir”? Hoy nos despertamos con la
noticia difundida por el diario “El Mundo” de que el senador y diputado en la
Asamblea de Madrid del Partido Popular, Francisco Granados, contaba al menos
hasta finales del año pasado con una cuenta en Suiza en la que llegó a acumular
1,5 millones de euros.
Pero nos sigue dando la sensación
de que en España si eres político de una lista ganadora todo vale. Es
terriblemente anormal e incluso misterioso que en un país con casi 6 millones
de parados, con una tasa de paro juvenil cercana al 55% no haya familiares de
políticos que integren las listas del desempleo.
Han conseguido que aumente el
número de empleados públicos sin que se hayan convocado los procesos selectivos
previstos en la Constitución. Por supuesto el sistema de acceso utilizado ha
sido el nepotismo.
No han comprendido ni quieren ni
les interesa que el poder es sólo un préstamo que el pueblo les otorga durante
cuatro años, del que deben hacer un empleo correcto y devolver en perfecto
estado de uso pasado el período de cesión. El ganar unas elecciones con mayoría
absoluta no les faculta para desmontar un sistema al que, con sus limitaciones
y deficiencias, se llegó con un consenso de todas las fuerzas presentes en el
espectro político de la época.
Pero el tiempo ha hecho que
vivamos en un país donde los políticos han legislado de forma que el robo es
punible, ya indultarán después, pero el producto de este es irrenunciable y
casi sagrado. Nadie devuelve nada de lo defraudado, malversado o robado.
Después de treinta y cinco años
de Régimen Constitucional pienso que lo único que verdaderamente ha cambiado es
que este gallego es más alto y quiere desmantelar la Seguridad Social que creó
el otro.