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miércoles, 19 de febrero de 2014

Un gallego más alto



Conforme voy viendo noticias, después de casi dos meses sin escribir, me pregunto qué mal hemos hecho para condenar a nuestros hijos y nietos a pasar hambre, frío, obligarlos a emigrar para trabajar o que se mueran en los pasillos de los hospitales. La respuesta me viene como una bofetada. Hemos creído en un falso sistema democrático. En un sistema en el que nuestros políticos se muestran tremendamente eficaces para sus gestiones y negocios personales, no hay más que mirar cuántos de ellos nadan en la opulencia, y completamente ineptos a la hora de gestionar los intereses comunes, los del Estado. Esos no interesan.

Hace ya mucho que en España ganar unas elecciones supone haber sido agraciado con un don divino que permite a sus beneficiarios solucionar definitivamente su vida, incluso la de sus familiares y allegados. La fuerza o el poder de esa gracia celestial es directamente proporcional a la mayoría obtenida. Si esta es absoluta, como la de ahora, y el líder un mediocre, como el actual, el pueblo tiene la sensación de que no hay nada que hacer y de que para los integrantes de la denominada casta política vale todo. Tanto que no les parece mal enriquecerse a costa del pueblo y de los recursos que son propiedad de este mientras piden a los demás que hagamos un sacrificio tras otro para hacer frente a la crisis. Y, por supuesto, no les importa mentir e incumplir promesas. ¿O dimitirá ahora Cospedal aunque alguien le recuerde sus palabras: “Si alguien del PP tuviera cuentas en Suiza yo debería dimitir”? Hoy nos despertamos con la noticia difundida por el diario “El Mundo” de que el senador y diputado en la Asamblea de Madrid del Partido Popular, Francisco Granados, contaba al menos hasta finales del año pasado con una cuenta en Suiza en la que llegó a acumular 1,5 millones de euros.

Pero nos sigue dando la sensación de que en España si eres político de una lista ganadora todo vale. Es terriblemente anormal e incluso misterioso que en un país con casi 6 millones de parados, con una tasa de paro juvenil cercana al 55% no haya familiares de políticos que integren las listas del desempleo.

Han conseguido que aumente el número de empleados públicos sin que se hayan convocado los procesos selectivos previstos en la Constitución. Por supuesto el sistema de acceso utilizado ha sido el nepotismo.

No han comprendido ni quieren ni les interesa que el poder es sólo un préstamo que el pueblo les otorga durante cuatro años, del que deben hacer un empleo correcto y devolver en perfecto estado de uso pasado el período de cesión. El ganar unas elecciones con mayoría absoluta no les faculta para desmontar un sistema al que, con sus limitaciones y deficiencias, se llegó con un consenso de todas las fuerzas presentes en el espectro político de la época.

Pero el tiempo ha hecho que vivamos en un país donde los políticos han legislado de forma que el robo es punible, ya indultarán después, pero el producto de este es irrenunciable y casi sagrado. Nadie devuelve nada de lo defraudado, malversado o robado.

Después de treinta y cinco años de Régimen Constitucional pienso que lo único que verdaderamente ha cambiado es que este gallego es más alto y quiere desmantelar la Seguridad Social que creó el otro.