Víctor empuñaba una guitarra y
escribía canciones, bellas canciones que hablaban de amor, de justicia social y
de paz. Por eso lo mataron el 16 de septiembre de 1973, porque el enemigo más
temido por el fascismo y la barbarie es que un pueblo pueda ser culto, porque
entonces no se dejará engañar. Ocurre en todos los países en los que se dan
regímenes dictatoriales, como ocurrió en nuestro país cuando el franquismo acabó
con la generación, quizás, más brillante de las artes en España.
Según cuenta textualmente el
abogado Navia, también recluido en el estadio nacional de Chile: "Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra
vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le
estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor
sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más
al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a
matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el
rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente".
Cuatro días estuvieron torturándolo desde el día del golpe hasta su muerte.
Joan, su esposa, contó como encontró
el cuerpo del que fuera su esposo, con cuarenta y cuatro heridas de bala y
mutilado, entre cientos de cuerpos amontonados como resultado del asesinato metódico
al que los golpistas sometieron a miles de chilenos por sospecha de ser simpatizantes
con la Unidad Popular.
Ahora, cuarenta y dos años
después, parece ser que va a haber justicia para Victor, al menos para su
familia. Aunque quizás la verdadera justicia hubiese sido que él hubiese
seguido cantando, quizás con Serrat, con Sabina, con Pablo Milanés o con Silvio
Rodríguez. Porque para muchos de nosotros la justicia tardía no es justicia. No
puede serlo cuando el asesino de un inocente ha vivido en Florida a cuerpo de
rey durante cuarenta y dos años.
En aquellos convulsos años 70 en
España, “Te recuerdo Amanda”, “El martillo”, “Canto libre”, “El derecho de vivir
en paz”, y tantas otras canciones de Victor representaban la lucha contra la
tiranía y nos insuflaban ganas de luchar y resistir. Probablemente el mayor
problema que podamos tener los que vivimos aquellos años es que como los
herederos del franquismo acuñaron el axioma “con
Franco vivíamos mejor”, nosotros, después de cuarenta años de democracia
nos hayamos dado cuenta de que, por los méritos de los políticos que tenemos, “contra Franco vivíamos mejor”.
Probablemente la nostalgia de Victor Jara es la de la juventud e ilusiones
perdidas.
Sin ser chileno, hoy me apetece cantar:
“Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago
ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los
ausentes...”
Descanse en paz, Victor Jara.
Javi
Viruel-2015