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lunes, 20 de abril de 2015

Justicia para Victor

Víctor empuñaba una guitarra y escribía canciones, bellas canciones que hablaban de amor, de justicia social y de paz. Por eso lo mataron el 16 de septiembre de 1973, porque el enemigo más temido por el fascismo y la barbarie es que un pueblo pueda ser culto, porque entonces no se dejará engañar. Ocurre en todos los países en los que se dan regímenes dictatoriales, como ocurrió en nuestro país cuando el franquismo acabó con la generación, quizás, más brillante de las artes en España.

Según cuenta textualmente el abogado Navia, también recluido en el estadio nacional de Chile: "Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente". Cuatro días estuvieron torturándolo desde el día del golpe hasta su muerte.

Joan, su esposa, contó como encontró el cuerpo del que fuera su esposo, con cuarenta y cuatro heridas de bala y mutilado, entre cientos de cuerpos amontonados como resultado del asesinato metódico al que los golpistas sometieron a miles de chilenos por sospecha de ser simpatizantes con la Unidad Popular.

Ahora, cuarenta y dos años después, parece ser que va a haber justicia para Victor, al menos para su familia. Aunque quizás la verdadera justicia hubiese sido que él hubiese seguido cantando, quizás con Serrat, con Sabina, con Pablo Milanés o con Silvio Rodríguez. Porque para muchos de nosotros la justicia tardía no es justicia. No puede serlo cuando el asesino de un inocente ha vivido en Florida a cuerpo de rey durante cuarenta y dos años.

En aquellos convulsos años 70 en España, “Te recuerdo Amanda”, “El martillo”, “Canto libre”, “El derecho de vivir en paz”, y tantas otras canciones de Victor representaban la lucha contra la tiranía y nos insuflaban ganas de luchar y resistir. Probablemente el mayor problema que podamos tener los que vivimos aquellos años es que como los herederos del franquismo acuñaron el axioma “con Franco vivíamos mejor”, nosotros, después de cuarenta años de democracia nos hayamos dado cuenta de que, por los méritos de los políticos que tenemos, “contra Franco vivíamos mejor”. Probablemente la nostalgia de Victor Jara es la de la juventud e ilusiones perdidas.

Sin ser chileno, hoy me apetece cantar:

“Yo pisaré las calles nuevamente
 de lo que fue Santiago ensangrentada,
 y en una hermosa plaza liberada
 me detendré a llorar por los ausentes...”

Descanse en paz, Victor Jara.


                                                                                                                                                                                       Javi Viruel-2015