El pasado 23 de mayo decíamos en
este blog: “Los ciudadanos de a pie
estamos hartos de que cada vez que el gobierno de España cambia de signo, de
tendencia o de ideología se modifica la ley de educación y, cuando no se
promulga una nueva ley, se modifica la tendencia ideológica de algunas
asignaturas…”. Pues bien, el Partido Popular ya aprobó el anteproyecto de
la que va a ser la séptima ley educativa de la democracia. En ese mismo
artículo también se decía: “Para que
podamos considerarnos un gran país tenemos que empezar a trabajar por tener una
mejor educación y nuestros gobernantes deben hacer todo lo posible por llegar a
un pacto de Estado que siente las bases de un gran sistema educativo que
debería fundamentarse en la cultura, la ética y los principios o la naturaleza
de la vida y del hombre, dejando cualquier signo ideológico fuera del debate
educativo”. Una vez que me voy adentrando
en el contenido de ese anteproyecto, me parece que lo reflejado en él me
recuerda algo. De modo que comienzo a investigar dónde he podido escuchar alguno
de los términos que se utilizan en el texto o alguna de sus ideas fundamentales.
Empiezo por ojear un poco la historia de los planes educativos en España llegando
a la etapa dura del franquismo cuando, de pronto, me encuentro con la palabra “reválida”.
Creo que acabo de encontrar la ley educativa que ha podido ser la inspiración
de José Ignacio Wert. En el plan de estudios de 1953, del ministro Ruiz-Giménez,
el Bachillerato se dividía en dos partes, Bachillerato Elemental (cuatro cursos
entre los 10 y 14 años, denominados 1º, 2º, 3º y 4º) y Bachillerato Superior
(dos cursos, 15 y 16 años, llamados 5º y 6º), ambos con un examen final de reválida
(reválida de Cuarto y reválida de Sexto), que se hacía en un centro oficial,
normalmente en un Instituto dependiente del entonces Ministerio de Educación y
Ciencia.
Creo que la reforma educativa que
se nos viene encima debe ser una “inwertcilidad”
o, al menos, será cualquier cosa menos educativa. Se elimina cualquier materia
que permita educar en la convivencia, el respeto y la reflexión. Quizás porque
no es conveniente que los alumnos aprendan a debatir, que hagan suyas conductas
que les convierta en ciudadanos tolerantes, que comprendan que se puede respetar
a personas que no piensan como nosotros, o que defienden su derecho a ser
diferentes, o, simplemente, que defienden la igualdad entre los sexos. Para
evitar esto se suprimen Educación para la Ciudadanía y Ética. También pienso
que viene con una gran carga de adoctrinamiento ya que se elimina o se
proscribe la ciencia contemporánea, probablemente para que los alumnos no sepan
donde y como nació la democracia. Y es que la cultura clásica nos enseña muchas
cosas, y no solo artísticas. Entre ellas el origen de la democracia, el derecho
romano, el pensamiento filosófico, el alma y el corazón de la ética. Por lo que
llevamos viendo en estos diez meses de gobierno, cosas de las que carecen o no
han oído hablar los miembros de nuestro ejecutivo. A cambio se mantiene la
impartición de la religión católica en las aulas. Con lo que seguiremos con la
catequesis estatal gratuita. En un
estado laico el adoctrinamiento religioso debe guardarse para las iglesias,
mezquitas o sinagogas, y no como sucede en nuestro país, en el que se legisla
para la impartición de la religión en los centros educativos enfocándolo
solamente a una doctrina, como ocurre en los estados totalitarios. Quizás lo
que se pretende con esta reforma sea implantar sesgos cognitivos y destruir la
capacidad crítica de los futuros votantes. Todo estará bien hecho por la gracia
de Dios.
Pero no todo va a ser negativo. Probablemente
cuando esta reforma empiece a dar sus primeros frutos se acabará con la fuga de
cerebros porque no existirá nadie formado a un nivel lo suficientemente elevado para que sea deseado por otros países de nuestro entorno..