De guapo a
ladrón, de pedirle un beso a tirarle un huevo, de quererlo como novio de la
niña a odiarlo más que a los guiñoles del plus francés. El caso Urdangarín ha
demostrado una vez más el carácter de los españoles capaces de llorar con
desconsuelo en un velatorio y a
continuación reírnos de un chiste mientras tomamos un vino en el bar de
enfrente.
Pero Iñaki no
es sólo un famoso más que tiene problemas con la justicia. No se trata de un
banquero engominado o de un político y su tonadillera. Urdangarín es sobre todo el
marido de la princesa, el yerno del rey.
Que en momentos de crisis económica a un miembro de la familia real se
le tome declaración en un juzgado por el destape de una red para ocultar cobros,
asesta un duro golpe a una institución como la monárquica que depende y mucho
de la opinión que sobre ella tienen sus ciudadanos.
Recordemos que
la vuelta a la monarquía supuso en España el fin de una larga dictadura y el
inicio de un período democrático que es considerado como uno de los más
fructíferos de nuestra convulsa historia. Hasta tal punto la figura del rey
Juan Carlos ha sido determinante en este proceso que hasta los políticos
republicanos se proclamaban no monárquicos pero sí “juancarlista”. Durante años
el rey y su familia han estado a salvo de críticas y especulaciones, pero en
los últimos años parece que la tendencia está cambiando. La prensa escrita, la
telebasura y las revistas satíricas tratan continuamente temas de la realeza y
ya las voces que la cuestionan empiezan a ser tan notorias como la aparición de
banderas tricolores en las manifestaciones. Más de 30 años después de la
restauración borbónica en España, empieza a surgir un creciente movimiento
republicano que cuestiona el sistema político vigente. ¿Está en crisis la
monarquía española? ¿Es posible una vuelta a la república? ¿Qué diferencia hay,
para una persona del común, en que el modelo de estado sea monárquico o
republicano?
Los que defienden la monarquía entienden que tal
debate no ha lugar pues la monarquía fue aprobada por la inmensa mayoría de los
españoles en la constitución del 78. Argumentan también que el futuro heredero
puede ser enseñado desde muy joven para asumir tareas y compromisos que les
permitirá adquirir las responsabilidades propias de su cargo de manera eficaz.
Señalan, que económicamente es más rentable que la mayoría de las repúblicas de
nuestro alrededor, que siempre un rey será más imparcial que un político y que
el hecho de votar no significa que el votado sea el mejor, señalando como
ejemplo a figuras históricas como Hitler.
Los que
defienden la república estiman que a diferencia de una monarquía, en una
república el jefe de Estado es elegido democráticamente por el pueblo. Esta
“insignificante” diferencia significa que nadie hereda legalmente ningún
privilegio por el simple hecho de nacer en una familia concreta. En una
república TODOS los ciudadanos son iguales, al menos en teoría, ante el Estado.
Entienden como evidente que la
institución monárquica es intrínsecamente injusta y antidemocrática.
¿Debemos
cambiar? ¿Para qué cambiar? . . . . . . . . .
Ahora te toca opinar a ti.
Probablemente en una república no exista una partida de gastos con cargo a los presupuestos generales del Estado, de ocho millones de euros para disfrute del presidente de la república y su familia
ResponderEliminarLo que está claro, es que en España las dos Repúblicas fueron un DESASTRE. Y eso de que elegimos democráticamente...:tururú. Listas cerradas y bloqueadas por partidos políticos y con circunscripciones electorales al gustos de los partidos mayoritarios y nacionalistas.¿Encima nos cargamos lo poco que más o menos funciona?
ResponderEliminarEl caso es que no funciona. Ya no tiene sentido en el siglo XXI, en el período de paz más largo que hemos tenido en España, y en democracia. Puede que las dos repúblicas anteriores acabaran siendo un desastre, pero también la monarquía lo ha sido en otros países (véase Francia), y están más que bien sin ella. Lo que no funciona es que yo tenga 25 años, sepa inglés y tenga una carrera y no tenga futuro en este país, y que la prole de las infantas y del príncipe tenga ya el futuro resuelto sólo por haber salido de reales úteros.
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