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viernes, 9 de marzo de 2012

IGLESIA Y ELECCIONES


Dijo Jesucristo “Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”, pues bien, parece ser que los obispos españoles entendieron que todo había que dárselo a Dios o a sus representantes en la Tierra, es decir, a ellos.

Ante las próximas elecciones a la Junta de Andalucía, los obispos de esta comunidad han sacado a la luz sus típicos consejos u orientaciones electorales. De esta manera piden a los votantes que a la hora de votar lo hagan por un partido que garantice “el derecho inviolable a la vida humana”, es decir que rechace el aborto. También piden que se tenga en cuenta a los partidos que defienden el matrimonio “como institución social, fundado en la unión estable de un varón y una mujer”, con lo que elimina de la intención de voto de los católicos a los partidos de izquierda que respetan la unión en matrimonio legal de dos personas del mismo sexo. Además solicitan a sus feligreses que se valore “el derecho a la educación religiosa según las propias convicciones morales y religiosas de los padres, prevista en la Constitución”. Curiosamente para esto si remiten a un texto legal, mientras que en el caso del matrimonio homosexual ignoran su regulación jurídica.

Hablan los obispos de la crisis refiriéndose al “momento histórico” y proponen lo siguiente: “Frente a la mentalidad tan extendida del derecho a la dádiva y de la subvención, se hace necesario promover la estima del trabajo y del sacrificio como medio justo de crecimiento personal y colectivo para el logro del bienestar” ¿Insinúan los prelados que a partir de ahora van a renunciar a las donaciones y subvenciones estatales para autofinanciarse? Entiendo el mensaje como un sin igual ejercicio de hipocresía.

Respecto a la “corrupción y la mentira”, proponen “promover la honradez, el respeto a la ley y la fidelidad a la palabra dada”. No dicen que el respeto a la ley es sólo si no contradice la doctrina católica como en el caso del matrimonio. También abogan por “potenciar el sentido de la realidad y de la austeridad” ante el “consumismo desmedido”. ¿Quiere eso decir que a partir de ahora no van a desplazarse en coches oficiales? ¿Austeridad donde? ¿En sus anillos y crucifijos? ¿A partir de ahora van a ser de madera? En alusión a esto quisiera recordar una cita de Amborse Bierce, de su libro “el diccionario del diablo” donde dice: “la residencia de un alto dignatario de la Iglesia se llama Palacio;  la del fundador de su religión se llamaba pajar o pesebre. El progreso existe”.

En la carta de este año, los prelados también hacen referencia a la complicada situación económica. “Urge promover las condiciones que hagan posible la productividad, la creación de nuevos puestos de trabajo sin soslayar el sentido de la justicia y de la solidaridad en la contratación laboral”,  creo que esto se les ha colado o que no han leído el texto de la reforma laboral, porque en este punto no parece que se refieran al mismo partido que en los puntos anteriores, ya que el texto de la reforma si de algo adolece es de justicia y solidaridad en la contratación.

Como en anteriores campañas electorales, la Iglesia confunde el espacio en el que debe moverse, tanto la Iglesia católica como la de cualquier otra doctrina asentada en España. Cualquier “Iglesia” debería limitar su actividad a los dogmas de fe que conforman su doctrina y a predicar para conseguir que su número de creyentes vaya en aumento. En ningún momento deben traspasar la línea que marcan sus creencias para adentrarse en el espacio político. Este es un espacio en el que no deberían tener ningún tipo de protagonismo obispos, sacerdotes, rabinos, imanes y demás representantes religiosos.

Dediquense a las almas, si es que existen, y dejen que el pueblo elija a sus representantes libremente, sin coacciones ni premisas doctrinales.

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