Recientemente
he estado en Portugal. He visto de primera mano a un país rescatado de esta
crisis. La verdad esperaba ver
movilizaciones sociales, manifestaciones, protestas y todo eso, dada la
situación social existente, tal y como podemos ver en la tele que sucede en
Grecia. Pero no. Vi restos de pancartas,
pintadas viejas y ninguna movilización. Quizás no coincidió, pero la impresión
que tuve fue de derrota y claudicación ante los hechos consumados del rescate.
Si hablabas con la gente, sí que te encontrabas con la indignación, el cabreo y
las protestas por el duro ajuste económico. Pero la lucha en la calle parece
haberse terminado.
Los
portugueses también ven a los políticos como los culpables de su situación y
también se quejan de la corrupción existente. Este mal parece extenderse por
todo el mundo y no conoce fronteras, pero los portugueses con los que hablé,
coinciden conmigo en que en el tema de la corrupción, los españoles somos una
potencia. Además no se alegran de la situación de España, saben que si a
nosotros nos va mal, a ellos también. Pese a todo, no parece que nuestros
vecinos vayan a modificar la situación, ni a exigir responsabilidades a sus
dirigentes. Más bien parece que dejan pasar el tiempo para que todo vuelva a la
normalidad y poder vivir tranquilos. Yo no deseo eso para España, creo que
cuando todo esto esté encauzado, y salgamos de este lio
socioeconómicodelictivo, tendremos que ajustar cuentas y exigir que los
culpables paguen, con cárcel y dinero. No podemos dejar que vuelva a suceder,
no podemos olvidar las mentiras, la corrupción, los engaños, las tomaduras de
pelo. No podemos olvidar a la Merkel, ni al Matas, ni al Urdangarín, ni los
trajes de Valencia, ni los recortes sanitarios, ni en la educación, ni los
sueldos de los políticos y sus prebendas, ni los fines de semana caribeños del
poder judicial, ni la reforma laboral, ni que nos hayan bajado el sueldo varias
veces, ni las subida de tasas universitarias, ni los recortes en investigación.
Cuando la crisis haya pasado, cuando el paro baje, debemos recordar todo esto,
para que no vuelva a pasar y para recuperar lo que es nuestro.
Recuerdo que
el ex ministro de Justicia, Enrique Múgica Herzog, dijo mientras su hermano era
velado tras ser asesinado por ETA: “Quiero
decirles a ustedes y a todos mis conciudadanos, vivan donde vivan, estén donde
estén, a todos los españoles, que, al contrario de frases convencionales, yo ni
olvido ni perdono”. Y eso es lo que yo pretendo, que el pueblo español no
olvide, pero que tampoco perdone a los culpables de la situación que
atravesamos. Nosotros no hemos perdido un hermano, pero hay infinidad de
españoles que han perdido su trabajo, su casa, sus ahorros, las ilusiones de
sus hijos y el futuro de sus familias. Hoy hay muchos españoles que gracias a
nuestros políticos ya han muerto en vida.
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