Desde que el Partido Popular
ganara las elecciones allá por 2011, el PSOE intenta quitarse de encima el
sanbenito de que no hay diferencia entre
populares y socialistas. Todos hemos escuchado o leído el ya famoso "PSOE-PP, la misma mierda es".
Esa frase les hace tanto daño que el propio Alfredo Pérez Rubalcaba, en la en la
Conferencia Política de este fin de semana, decía a los suyos "Tenemos que decirles que no somos
iguales. Que no puede ser igual el que construye que el que destruye, el que
edifica la sanidad pública que el que se la carga". Pero para los
ciudadanos es difícil olvidar que los recortes empezaron con el último gobierno
del PSOE que bajó el sueldo a los funcionarios, congeló pensiones y no se sentó
a hablar de los desahucios hasta que estuvo en la oposición, porque como al PP
sólo le interesaba salvar a los bancos. No en vano, según el Tribunal de
Cuentas, los 214 millones de euros que las formaciones con representación en el
Congreso de los Diputados debían a los bancos en 2007 se convirtieron un año
después en 222 millones de euros, con un bajísimo tipo de interés, tan bajo que
sólo 852.297 euros eran intereses.
Pero antes de que se apagaran los
ecos de la Conferencia Política nos encontramos con la noticia de que PP y PSOE
llegan a un pacto para renovar el Consejo General del Poder Judicial. Lo que me
hace pensar que para algunas cosas sí que son iguales. Va a seguir creciendo la
animadversión de los ciudadanos hacia los políticos y, por supuesto, no
hablemos de recuperar la credibilidad porque con decisiones como esta es
prácticamente imposible. Con este acuerdo muchos ciudadanos piensan que tanto
PP como PSOE demuestran poco carácter democrático al seguir eligiendo el máximo
órgano de los jueces.
Va a ser difícil que alguien crea
en la nueva cúpula judicial siendo el reflejo de la clase política. Nadie va a
creer en su independencia. Y es que un sistema democrático sin separación de
poderes no se puede llamar democracia.
Viendo lo que los políticos están
haciendo con nuestro país me viene a la memoria que Arturo Jauretche, en cierta
ocasión, dijo: “Mientras en los países
totalitarios el pueblo es un esclavo sin voz ni voto, en los
"democráticos" es un paralítico con la ilusión de la libertad al que
las pandillas financieras usurpan la voluntad hablando de sus mandatos”.
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