En las altas esferas del PSOE
viven ajenos a la realidad de la calle, reforzando el sentimiento popular de
que forman parte de la denominada casta política y que sólo se preocupan de sus
intereses y de facilitar su vida y la de sus allegados. Me parece increíble que
no haya nadie en ese partido que sepa qué es lo que tienen que hacer para
recuperar la confianza del pueblo y para devolverle la ilusión pérdida, esa que
ellos, los políticos, se han encargado de destruir. Incluso se aliaron a sus adversarios
del Partido Popular cuando se sintieron atacados por el juez Pedraz en su auto
en el que archivaba la causa contra ocho imputados por promover las
manifestaciones del 25-S y en el que hablaba de decadencia de la clase política.
La reacción de nuestros políticos, entre los que se encuentran miembros destacados
de los dos partidos mayoritarios, ante el auto es la de los verdaderos
defensores de la patria, la justicia y la constitución. En el momento que una
sentencia no les gusta, o no va con lo que esperaban, no sólo la critican, sino
que además se permiten el lujo de insultar al juez responsable del auto, como
hizo el señor Simancas.
A los votantes de ideales, que en
numerosas ocasiones son más fieles que los de carnet, les trae sin cuidado que en
la tan cacareada Conferencia Política vayan a debatir la financiación
autonómica aun reconociendo su importancia. O que en sus propuestas económicas
y fiscales sólo se hable de control de las SICAV y no de los tipos impositivos que se les debe
aplicar. En fin, siguen sin comprender lo que pide el grueso de la población o,
sencillamente, no les interesa. De otro modo nadie se explica que en todas las
encuestas de intención de voto el PSOE siga perdiendo adeptos ante el gobierno
más represivo de la historia de la democracia y tras sufrir la derrota
electoral más humillante que se recuerda.
Sigo manteniendo que ninguno de ellos
ha salido de sus despachos para preguntar lo que interesa a los ciudadanos, en caso contrario
se podrían enterar que estos otorgarían su confianza al partido que en su
programa lleve:
- Reforma de la Constitución en la que se refleje una total y real separación del ejecutivo y del poder judicial. Si los españoles elegimos por sufragio directo al poder Ejecutivo y Legislativo, ¿Por qué no podemos elegir al Poder Judicial?
- Desaparición de la figura del aforado. Los ciudadanos no podemos entender que un estado se pueda considerar democrático cuando permite que sus políticos puedan delinquir y no ser tratados por la justicia igual que cualquier otro ciudadano ni que España sea en estos momentos la democracia con mayor número de aforados del mundo.
- Una lucha verdadera, eficaz y sin perdón contra la corrupción. La mayoría de la población piensa que a los políticos les sale gratis ser corruptos. Después de cientos de causas judiciales abiertas, curiosamente, no conozco ningún caso en el que se haya devuelto el dinero sustraído o desviado de las arcas públicas. Muchos de los casos de corrupción cometidos en nuestro país quedan en el limbo, se pierden entre papeleo, prescriben o el retraso de la justicia hace que nos olvidemos de ellos. No se debe permitir que políticos corruptos después de que se descubra su implicación en algún caso de corrupción vuelvan a la actividad política como si nada hubiera pasado, dejando que el paso del tiempo limpie sus nombres. Quizás va siendo hora de dignificar la política y que sean los partidos quienes denuncien a sus dirigentes corruptos y no los arropen o protejan, llegando incluso a pagar con dinero del partido las minutas de sus abogados. Va siendo hora de que al político que gana tres veces seguidas la lotería lo investigue la policía, va siendo hora de que todos los políticos, y no solo los diputados, hagan público su patrimonio antes y después de dejar el cargo. Va siendo hora de que tengamos una clase política de calidad, preparada, honrada y sacrificada. Con ganas de servir y con orgullo de pertenecer a un gran país, y no a una caricatura, que es lo que parecemos ahora.
- Reforma del Código Penal. Los españoles somos un pueblo solidario y queremos y debemos respetar los derechos humanos. Pero no deseamos que siga existiendo entre nosotros la sensación de que el malhechor tiene más derechos que la víctima. No queremos ser los damnificados de delincuentes que tienen cientos de detenciones y siguen en la calle campando a sus anchas. Tampoco queremos que salga barato delinquir ni que los responsables de delitos de sangre, pederastia y violaciones se favorezcan de beneficios penitenciarios.
- Obligación de llegar a un Pacto de Estado para regular la Educación. Los ciudadanos estamos hartos de que cada vez que el gobierno de España cambia de signo, de tendencia o de ideología se modifique la ley de educación y, cuando no se promulga una nueva, se modifica la tendencia ideológica de algunas asignaturas. En Bruselas se dice que un país civilizado no puede tolerar un índice superior al 10% de fracaso escolar. Dicho índice en España es superior al 30%.
- Que se cumplan los acuerdos entre la Iglesia y el Estado (PSOE) alcanzados en 1987 en los que se acordaba mantener el actual sistema de financiación transitoriamente hasta 1990 para culminar, a partir de ese año en la autofinanciación de la Iglesia Católica.
- Eliminación del Senado. A los ciudadanos no nos vale con que ustedes en su Conferencia Política quieran llevárselo a Barcelona. Para nosotros sigue siendo trasladar un órgano vacío de contenido, cementerio de elefantes y retiro dorado de políticos a los que se les pasó la hora.
- Que los bancos devuelvan el dinero público que se les ha inyectado para su salvación. Nunca ningún partido ha tomado durante la crisis alguna decisión que haya perjudicado a las entidades bancarias. De hecho el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2008 dio 30.000 millones de euros a la banca para sanear la economía y, tras tardar dos años en reconocer la existencia de la crisis, rebajó el 5% del sueldo de los funcionarios, anunció la congelación al año siguiente y congeló las pensiones para el 2011 salvo las mínimas y las no contributivas, subió el IRPF en 2010 y elevó la edad de jubilación de 65 a 67 años.
En fin, hay muchísimas medidas
que harían que ustedes recuperasen la confianza perdida o que la ciudadanía
viese en ustedes una verdadera opción para cambiar esta situación. Ahora, de
momento, sólo se tiene la percepción de que en su próxima Conferencia Política van
a parchear algo que ya no tiene solución.
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