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viernes, 11 de enero de 2013

También la amiga del rey



Se acaban de cumplir treinta y cuatro años desde que se culminó la “transición a la democracia” y resulta que, después de tantos años, lo que en un principio parecía que avanzaba hacia una democracia real y un estado de derecho y de “derechos”, ha culminado en un régimen oligárquico y corrupto. Un sistema que está movido y regido por castas políticas de partidos que han sido configurados como cúpulas de poder. Y a la cabeza de todo, como en la Edad Media, un rey que goza de inviolabilidad y que es, a este falso régimen democrático, como una planta de interior que siempre ha estado protegida.

Para colmo, en estos días vemos en los distintos medios de comunicación que el exsocio de Iñaqui Urdangarín, Diego Torres, ha entregado al juez instructor del caso Nóos varios correos electrónicos en los que figura el nombre de la noble alemana Corinna Sayn-Wittgenstein. Muchos nos preguntamos quién es esta señora y descubrimos que desde el famoso “incidente-accidente” del monarca en Botsuana muchos medios de comunicación españoles se refieren a ella en términos eufemísticos como: “la amiga del rey”, “la amiga personal del rey”, “la amiga íntima del rey”. Y es que la alemana, “supuesta amante del monarca” para otros medios, ha sido en diversas ocasiones foco de atención tanto para los medios de comunicación como para los propios partidos políticos y, según algunos de aquellos, era la habitual organizadora de sus safaris .

En aquella ocasión, el Gobierno se libró, con su habitual falta de transparencia cuando se tratan temas de la Corona, de tener que opinar sobre el viaje del monarca y del papel que jugaba Corinna Sayn-Wittgenstein en el viaje a Botsuana. La Mesa de la Cámara, vetó el 25% de las preguntas referidas a tal asunto. En dichas preguntas, Gaspar Llamazares, por ejemplo, se interesaba por quién había nombrado a Corinna como "representante" de Juan Carlos de Borbón, o por qué gestiones había realizado esta mujer "en nombre del monarca o en el seno de alguna delegación oficial española".

Sigo buscando información sobre “la amiga personal del rey” y descubro que en medios de comunicación españoles y extranjeros se dice que Don Juan Carlos y la princesa Corinna coinciden regularmente en los viajes en los que el monarca se traslada a Abu Dabi para ver a Fernando Alonso en el gran premio de Fórmula uno que se celebra anualmente en dicho país. Esos mismos medios denuncian que la princesa alemana recibe tratamiento de consorte y actúa como representante del rey en aquel país árabe.

El verdadero problema es que no se llama a las cosas por su nombre y, además, nosotros mismos nos amordazamos cada vez que surge algún tema que afecta a la monarquía. Pero no es para menos, ahí está el delito de injurias a la corona para recordarnos que “todos somos iguales ante la ley”.

La solución a todo se prevé difícil porque no consistiría sólo en convocar un referéndum para que el pueblo decida si prefiere monarquía o república. Tampoco es algo de derechas o izquierdas. Esto es de políticos corruptos u honestos, da igual el partido, que usan los “despistes” de la monarquía, cuando les interesa, como cortina de humo para desviar la atención de sus propios desmanes. Hay veces que todo esto me recuerda a los programas de lucha libre con los que nos bombardean algunas televisiones. Hay dos contendientes, cada uno con sus seguidores, pero siempre hay tongo. Se reparten las victorias y derrotas y, así, todos contentos. Mientras tanto el pueblo sigue esperando que llegue esa persona que los gobierne de verdad. Que haga realidad el deseo de los ciudadanos de un gobierno que legisle para todos por igual, sin diferencias sociales, en los que prevalezcan los derechos de los ciudadanos sobre los intereses de entidades financieras.

Yo aún creo que, a pesar de nuestro natural pasotismo, este pueblo no se merece los gobernantes que le han tocado, unos en suerte o en herencia y otros en las urnas, como consecuencia de programas cargados de mentiras y falacias.

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