Se acaban de cumplir treinta y
cuatro años desde que se culminó la “transición a la democracia” y resulta que,
después de tantos años, lo que en un principio parecía que avanzaba hacia una
democracia real y un estado de derecho y de “derechos”, ha culminado en un régimen
oligárquico y corrupto. Un sistema que está movido y regido por castas
políticas de partidos que han sido configurados como cúpulas de poder. Y a la
cabeza de todo, como en la Edad Media, un rey que goza de inviolabilidad y que
es, a este falso régimen democrático, como una planta de interior que siempre
ha estado protegida.
Para colmo, en estos días vemos
en los distintos medios de comunicación que el exsocio de Iñaqui Urdangarín,
Diego Torres, ha entregado al juez instructor del caso Nóos varios correos
electrónicos en los que figura el nombre de la noble alemana Corinna
Sayn-Wittgenstein. Muchos nos preguntamos quién es esta señora y descubrimos
que desde el famoso “incidente-accidente”
del monarca en Botsuana muchos medios de comunicación españoles se refieren a
ella en términos eufemísticos como: “la
amiga del rey”, “la amiga personal del rey”, “la amiga íntima del rey”. Y
es que la alemana, “supuesta amante del
monarca” para otros medios, ha sido en diversas ocasiones foco de atención
tanto para los medios de comunicación como para los propios partidos políticos
y, según algunos de aquellos, era la habitual organizadora de sus safaris .
En aquella ocasión, el Gobierno
se libró, con su habitual falta de transparencia cuando se tratan temas de la Corona,
de tener que opinar sobre el viaje del monarca y del papel que jugaba Corinna
Sayn-Wittgenstein en el viaje a Botsuana. La Mesa de la Cámara, vetó el 25% de
las preguntas referidas a tal asunto. En dichas preguntas, Gaspar Llamazares,
por ejemplo, se interesaba por quién había nombrado a Corinna como "representante" de Juan Carlos
de Borbón, o por qué gestiones había realizado esta mujer "en nombre del monarca o en el seno de alguna delegación oficial
española".
Sigo buscando información sobre “la amiga personal del rey” y descubro que
en medios de comunicación españoles y extranjeros se dice que Don Juan Carlos y
la princesa Corinna coinciden regularmente en los viajes en los que el monarca
se traslada a Abu Dabi para ver a Fernando Alonso en el gran premio de Fórmula
uno que se celebra anualmente en dicho país. Esos mismos medios denuncian que la
princesa alemana recibe tratamiento de consorte y actúa como representante del
rey en aquel país árabe.
El verdadero problema es que no
se llama a las cosas por su nombre y, además, nosotros mismos nos amordazamos
cada vez que surge algún tema que afecta a la monarquía. Pero no es para menos,
ahí está el delito de injurias a la corona para recordarnos que “todos somos iguales ante la ley”.
La solución a todo se prevé
difícil porque no consistiría sólo en convocar un referéndum para que el pueblo
decida si prefiere monarquía o república. Tampoco es algo de derechas o
izquierdas. Esto es de políticos corruptos u honestos, da igual el partido, que
usan los “despistes” de la monarquía,
cuando les interesa, como cortina de humo para desviar la atención de sus
propios desmanes. Hay veces que todo esto me recuerda a los programas de lucha
libre con los que nos bombardean algunas televisiones. Hay dos contendientes,
cada uno con sus seguidores, pero siempre hay tongo. Se reparten las victorias
y derrotas y, así, todos contentos. Mientras tanto el pueblo sigue esperando
que llegue esa persona que los gobierne de verdad. Que haga realidad el deseo
de los ciudadanos de un gobierno que legisle para todos por igual, sin
diferencias sociales, en los que prevalezcan los derechos de los ciudadanos
sobre los intereses de entidades financieras.
Yo aún creo que, a pesar de
nuestro natural pasotismo, este pueblo no se merece los gobernantes que le han
tocado, unos en suerte o en herencia y otros en las urnas, como consecuencia de
programas cargados de mentiras y falacias.
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