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martes, 15 de enero de 2013

Sube la corrupción, no los condenados


Durante el fin de semana he leído que, según una encuesta de Metroscopia, un 63% de los encuestados cree que desde que estalló la crisis ha crecido la corrupción política. Pero quizás el dato más preocupante es que el 95% de los participantes en la encuesta asegura que los partidos políticos tienden su manto protector sobre los acusados de corrupción. Y es que es muy alarmante que la corrupción, el fraude y los políticos superen a la sanidad y la educación en la lista de las diez preocupaciones de los españoles. Yo creo que casi el 100% de los encuestados piensa que a los políticos les sale gratis ser corruptos.

Lo que hasta hace poco era un secreto a voces ha derivado en cientos de causas judiciales abiertas pero, curiosamente, no conozco ningún caso en el que se haya devuelto el dinero sustraído o desviado de las arcas públicas. Y precisamente ahora, después de 16 años, UDC ha reconocido haberse financiado ilegalmente y se ha comprometido a devolver el dinero recibido. Pero lo hace en una sede judicial para conseguir un pacto que rebaje la pena a los imputados y eludan la cárcel y, además,  evitar que su líder, Josep Antoni Durán Lleida, tenga que declarar como testigo ante un juez. Aun así Durán y su partido han ido más allá que los demás y han devuelto algo, aunque el consuelo nos parece pobre porque los culpables siguen yéndose de rositas.

Muchos de los casos de corrupción cometidos en nuestro país quedan en el limbo, se pierden entre papeleo, prescriben o el retraso de la justicia hace que nos olvidemos de ellos. No se debe permitir que políticos corruptos después de que se descubra su implicación en algún caso de corrupción vuelvan a la actividad política como si nada hubiera pasado, dejando que el paso del tiempo limpie sus nombres. Y lo peor es que va a más. Cada día son más casos y cada vez lo hacen con más descaro.

Llegados a este punto quizás deberíamos preguntarnos si el pueblo, que sigue votándolos, es también culpable de que ocurran y sigan ocurriendo casos de corrupción en nuestro país. Cuando pienso en esto, recuerdo haber leído que en la conferencia de Yalta, cuando los Aliados preparaban la ocupación de los inminentes vencidos, Josef Stalin planteó como irresoluble el problema de diferenciar la responsabilidad de los crímenes de los dirigentes nazis y la del pueblo alemán en su conjunto, considerando que aquellos no hubieran podido alcanzar el poder ni mantenerse en él sin el apoyo popular, ni llevar a la práctica sus crímenes sin, al menos, un cierto grado de connivencia de una parte de la población germana. Pero el considerar también a la sociedad como culpable o como cómplice, por su apoyo a los partidos, de los casos de corrupción es hacer un enorme favor a los políticos corruptos. Ellos, los políticos, que han montado un sistema que favorece la corrupción, son los únicos responsables de ésta y cuando se les apunta con el dedo recurren a argumentos canallas como que "la culpa es de la gente", "el poder corrompe", "es el precio que hay que pagar por la libertad", en definitiva, justificaciones torpes para los tontos en los que han intentado convertirnos.

Quizás hemos llegado al punto que los políticos buscaban, y es que en España un 30% de los electores no sabe distinguir entre un Sindicato y un Partido Político, el 92% de los que se preocupan en ir a votar no sabrían decir quién es el segundo nombre de la lista a la que han otorgado el voto, casi el 95% de los votantes no leen o desconocen el programa del partido al que votan. Sólo un 25% del censo conoce el sistema de asignación de escaños que se usa en nuestro país. Un 60% de la población reconoce que no entiende a los políticos. El 82% de los inscritos en el censo electoral desconoce cuál es su circunscripción electoral, así como cuantos representantes se eligen en ella.  

He  leído en internet que alguien decía que se debería  formar un "Tribunal de Nuremberg de los corruptos" juzgándolos a todos en la mismo sala y en directo. Quizás fuese una manera instructiva de recuperar a todos esos ciudadanos que ven los juzgados de nuestra nación como los paraísos de los delincuentes adinerados y de los políticos corruptos. Y es que alguien escribió que a la cárcel en este país es más fácil enviar a los honrados porque es más barato y se necesita menos espacio.

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