Ayer se celebró en España el día
de la Constitución. Ayer se cumplieron treinta y cuatro años del día en que los
españoles, que venían de un régimen dictatorial de cuarenta años, ratificaron en
referéndum el texto de la Constitución que habría de convertirse en la base del
nuevo régimen democrático que desde entonces se iba a aplicar en España. Se
trataba de salir de un estado de derechas para entrar en uno de derechos.
Treinta y cuatro años después nos damos cuenta que aquí los únicos que tienen
todos los derechos son los bancos, los políticos y la clase pudiente.
Creo sinceramente que la
Constitución constituyó la herramienta básica para la transición hacia un
sistema democrático. El problema es que dicha transición se llevó a cabo bajo
la atenta mirada y la velada amenaza del estamento militar. Era una
Constitución para salir del paso, para los años setenta, para pasar a una
democracia corriendo un tupido velo sobre los cuarenta años anteriores, es
decir, sin víctimas ni culpables. De hecho nos imponía como Jefe del Estado al
sucesor designado por el dictador. Un “heredero”
que en 1969 y 1975 juró guardar y hacer guardar los principios del “glorioso movimiento nacional”. Era una
Constitución que proclamaba que el estado era aconfesional pero que en su
artículo 16 reconocía el papel privilegiado de la iglesia católica frente a
otras confesiones.
Ahora, después de treinta y
cuatro años, hay muchos españoles que pensamos que todo fue un espejismo. Que
arriba siguen los mismos. Que los poderosos siguen siendo los de antes. Que los
banqueros carroñeros siguen prevaleciendo sobre las personas. Que la iglesia
católica sigue teniendo los mismos privilegios de los que gozaba con el
dictador. Y a todos estos hay que sumar una nueva clase social, los políticos,
que se alinean junto a banqueros y poderosos. Esa nueva clase que usa el texto
constitucional a su antojo o que, al menos, busca la manera de sortearlo para
llegar a sus objetivos.
Creo firmemente que es necesaria
una reforma a fondo de la Constitución que, primero, incluya en los derechos
fundamentales de todos los españoles el régimen público de Seguridad Social y
el derecho a una vivienda digna. Es decir que se incluyan en la parte del texto
en la que los artículos son de directa aplicación.
Según el texto constitucional
España es un estado democrático y social de derecho. Pues bien, el actual
gobierno del Partido Popular, quizás por ideologías trasnochadas o quizás para
dar respuesta a intereses monetarios que son los que priman para los políticos
españoles, se está encargando de demoler las bases de ese estado social de
derecho, como son los derechos sanitarios, laborales, educativos, etc., sin que
los ciudadanos podamos acudir a la Constitución para parar esta sangría.
Sigo pensando que la Constitución
se nos ha vuelto, con el paso de los años, la hija bastarda del franquismo ya
que, en base a ella, el Gobierno actual
está legislando de manera que utiliza el desarrollo legislativo que la
Constitución prevé en muchos casos para ir fulminando los Derechos y Libertades
que debieran ser su base, acabando de manera encubierta con el Estado de
Bienestar, el Estado Social y el Estado Democrático.
Tras treinta y cuatro años de constitución
y viendo como la utilizan los políticos empieza a tomar sentido en mi mente la
frase que, según algunos, dijo el dictador en su lecho de muerte “Lo dejo todo atado y bien atado”
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