El paro registrado bajó en mayo
en 98.265 personas, hasta un total de 4.890.928 desempleados. Sobre estos datos
he leído de todo, como que descontando la estacionalidad de los nuevos empleos cae
sólo en 265 personas, también que es el mejor dato de descenso del desempleo en
este mes de toda la serie histórica, que donde más ha bajado es en Andalucía.
En fin, tantos comentarios desmereciendo el descenso como intentando que
parezca algo excepcional. Y me recuerda a las guerras de cifras cuando hay
manifestaciones o huelgas. Concretamente en la última contra la reforma
educativa los convocantes daban un seguimiento del 80% mientras el gobierno lo
fijaba en el 20%.
Si nos atenemos sólo a las
declaraciones de los miembros del partido en el gobierno son "datos claramente positivos"
que "muestran que tenemos motivos
para la esperanza", ha declarado la ministra de Empleo, Fátima Báñez.
Según el ministro de exteriores, José Manuel García-Margallo, el descenso del
paro registrado en mayo es una demostración de que “los cimientos de la economía han mejorado”, para nuestro
presidente, el de la pantalla de plasma, son cifras “claramente esperanzadoras”.
En mayo de 2011, cuando salió a
la luz el descenso del dato de paro registrado, Soraya Sáenz de Santamaría era
portavoz del PP en el Congreso. Y ante la bajada de ese año declaró: "Sí, el paro baja en abril y bajará en
mayo y en junio. Igual que los días son más largos, las temperaturas son más
altas y el sol brilla más. Sí, señores del partido socialista. Eso se llama
estacionalidad". Hay que decirle a la señora vicepresidenta que a los
electores, a los que con sus votos los pusieron ahí, sí que se les están
haciendo largos los días que quedan para volver a las urnas, que quizás es lo único
con atisbo de democracia que van a dejar, y expulsarlos del gobierno de este
país.
Cuando hablan lo hacen creyendo
que somos idiotas. Lo que cuando gobiernan otros es un dato malo o achacable a
otros factores se convierte, por arte de magia, en algo excepcional, positivo y
prueba de que las políticas utilizadas son las correctas. Pero el problema no
es ese, es mucho más serio. Un pueblo hambriento y empobrecido por las medidas
del gobierno se ve obligado a trabajar con contratos basura, amparados en la
reforma laboral aprobada por el ejecutivo, y dando forma, desgraciadamente, a
los datos que usa el partido en el gobierno para justificar su política de
recortes.
Los miembros de este gobierno llevan
diciendo sandeces desde el inicio de la legislatura, mintiendo a los electores
a los que se deben, haciendo caso omiso a la opinión pública y a los nefastos
resultados que provocan sus medidas. Insultan por sistema a la inteligencia del
pueblo español. Mientras tanto Gallardón hace pagar por la Justicia, Rouco se
muestra encantado porque en un país en el que la población es cada día más
laica se comete la inwertcilidad de reformar la educación siguiendo los pasos
marcados por la Conferencia Episcopal, se empieza a demoler un sistema
sanitario público que era modelo en el mundo, la investigación está
desaparecida y no se la espera, hay cerca de ochocientos casos abiertos por
corrupción política en los juzgados y ningún político en la cárcel, el caso
Gürtel, sobre financiación ilegal del partido en el gobierno, lleva ya casi
siete años abierto y el único procesado y condenado es el primer juez
instructor del mismo, una ministra a la que la trama corrupta ha pagado viajes
y efectuado regalos sigue en su puesto y Bárcenas, que ha amasado de la nada
más de cincuenta millones de euros, sigue suelto.
Cualquier gobierno que se precie
debe gobernar para el pueblo. Es lo mínimo que se le debe exigir. Y,
parafraseando a Soraya Sáenz de Santamaría, con este gobierno el sol sólo
brilla para banqueros y políticos, mientras los días son cada vez más largos
para el pueblo que es el que está pagando los rigores de la crisis.
Pero también habría que hacer un
análisis profundo de ese descenso del paro registrado, que no es lo mismo que
el paro real. La población activa española ha descendido desde que comenzó la
crisis por varios motivos, entre los que se encuentra la mano de obra
extranjera que ha comenzado a abandonar nuestro país porque prefiere vivir en
la miseria en el suyo propio que en uno extraño y los cientos de miles de
jóvenes españoles que desde el inicio de la crisis han salido de España a
buscar trabajo, aunque González Pons diga que es como estar en casa. Estamos
ante la vuelta del “Pepe, vente a
Alemania”. ¿Cuántos de esos han dejado de renovar la tarjeta de demanda de
empleo y han pasado a no contar como parados? Seamos serios, el paro registrado
nos puede dar una idea de la tendencia del empleo en un mes pero es mucho más
real la encuesta de población activa. Para contar en las estadísticas de paro
registrado como parado se deben cumplir las obligaciones que marca el Servicio Público
de Empleo Estatal. En caso contrario te dan de baja y, aun estando parado, no
cuentas en la estadística. ¿Hay un parado menos? No, sólo hay un desempleado
que ha dejado de estar inscrito y que, por lo tanto, ya no cuenta como parado,
aun siéndolo, para el Servicio Público de Empleo Estatal.
De momento intentemos quedarnos
con lo bueno de la noticia que son las nuevas altas en Seguridad Social que si
representan contratos reales y alegrémonos por esos españoles que, aunque sea
en precario, van a aliviar durante unos meses sus maltrechas economías.
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