El portavoz de la conferencia
episcopal, Antonio Martínez Camino,
recientemente ha declarado, en defensa del Obispo de Alcalá (que criminaliza a
los homosexuales), que para la doctrina oficial de la iglesia católica las
relaciones sexuales de los homosexuales son “desordenadas”. Preguntado
sobre si los homosexuales van al infierno, aseguró que “solo Dios lo sabe”. Este hombre piadoso, de voz aflautada y
movimientos delicados no se corresponde a la idea que uno tendría de un
seguidor de Jesús, que como todos sabemos, era un defensor de los pobres y
oprimidos, de los despreciados por la sociedad, en definitiva, de los
marginados. Y es que de eso se trata. En este país, al igual que en otros, a
los homosexuales ya se les ha perseguido, despreciado, insultado y ultrajado
bastante. A uno le da que pensar esta fijación que tienen, algunos jerarcas de
la iglesia, de meterse donde no les llaman. Pero lo curioso del asunto es que
si alguien critica a la Iglesia, como por ejemplo por los casos de abusos a
menores protagonizados por sacerdotes (que sí es un delito, mientras que la
homosexualidad no lo es), dicen que es una agresión intolerable hacia la
Iglesia y claman al cielo. Pero si ellos cargan con todo su poder hacia un
colectivo como el Gay, que como ya he dicho, ha sido desde siempre depreciado y
marginado, eso no es una agresión, es la exposición de sus creencias. Ellos
pueden opinar y vilipendiar, los demás no. Bueno, si la Jerarquía católica no
va a respetar a un grupo de ciudadanos, no pueden esperar que los ciudadanos los respeten a ellos. Si quieren hablar de conducta
desordenada podemos empezar por esa manía suya del celibato. Se han empeñado
durante siglos obligar a sus miembros a reprimir, contra natura, los
impulsos sexuales propios de nuestra
especie. Hay que recordar que el celibato, una norma carente de fundamento
evangélico, no fue impuesto hasta el siglo XVI. Los sacerdotes, al no
participar de una parte de la vida humana (como es la sexualidad), no obtienen
la experiencia y madurez que hacen que el desarrollo integral y normal del
sujeto se realice por completo. Al hilo de esta idea, según Rodríguez (1995;
1998) “En la formación de los sacerdotes, salvo excepciones, se desconoce
absolutamente todo lo que se refiere a los aspectos biológicos y psicológicos
de la sexualidad se ignoran también, todas la posibles desviaciones y pautas
psicopatológicas que se pueden dar en este terreno, y se descontextualiza la
afectividad de la esfera integral e integradora de lo sexual, con lo que se
impide la posibilidad de acceder a un desarrollo psicosexual adulto y maduro”.
Por
nuestra parte, podríamos, al igual que hace la Iglesia Católica con los
homosexuales, criminalizar a los sacerdotes y decir que su conducta es
desordenada por no tener relaciones sexuales normales, que ellos padecen una
enfermedad, pero que tengan fe porque se puede curar. Podríamos insultarlos,
como hacen ellos desde los púlpitos. Pero no vamos a hacerlo, somos más
caritativos y educados, y, seguramente más humanos que ellos, porque no negamos
ninguna de nuestras facetas. Solamente decir dos cositas. La fe es algo muy
privado, algo íntimo y reservado, y vosotros, los miembros de la jerarquía
eclesiástica la habéis sacado a la calle, os habéis salido de vuestro ámbito de
actuación y os habéis metido en política (recordad aquello “a Dios lo que es de
Dios y a César lo que es del César”). Además, lo habéis hecho atacando a los
más débiles, a los homosexuales, en este caso. Jesucristo, según la propia
historia de los evangelios oficiales, siempre ha estado del lado de los
débiles, de los perseguidos, de los repudiados, como María Magdalena, por
ejemplo ¿Creéis que él ahora estaría persiguiendo, como vosotros, a los
homosexuales?
Referencias bibliográficas:
Rodríguez, J. (1995). La vida sexual del
clero. Barcelona: Ediciones B.
Rodríguez, J. (1998). Mentiras
fundamentales de la Iglesia Católica. Barcelona: Ediciones B.
El problema es que cuando se acercan al sexo si lo hacen contra natura. Solamente hay que mirar a Irlanda, USA, etc.
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