Los republicanos están de fiesta.
Para conmemorar el ochenta y un aniversario de la II República, el rey don Juan
Carlos les ha hecho el mejor regalo posible. La imagen de España que ha dado la
familia real en los últimos doce meses es la de la España de pandereta y la del
esperpento. Mientras el país pasa, con más pena que gloria, por la peor crisis
que se recuerda y el gobierno anuncia ahora recortes en sanidad y educación, el
Jefe del Estado se rompe la cadera en Botsuana. Que conste que el rey puede y
debe tener vida privada pero no deja de resultar, cuando menos, chocante que
salga diciendo que le quita el sueño que los jóvenes no tengan trabajo y luego
se gaste, no el dinero, el poco crédito que le quedaba a la familia real en un
safari de lujo. El problema más grave de todo esto es que cuando surge el tema
de discusión sobre la monarquía, sus defensores siempre esgrimen el servicio
fundamental que esta ofrece a España, representación e imagen. Pues bien, la
imagen dada por la familia real en el último año no es la que queremos la
mayoría de los españoles. Son los propios borbones los que están reavivando en
la sociedad el debate, siempre presente, de si nuestro país debe ser monarquía
o república.
La cuestión no es la caza, aunque
yo no sea partidario, ni el animal que se cazaba, aunque esté en vías de
extinción y me parezca deleznable. El problema es que su actitud recuerda a los
monarcas absolutistas que ignoraban y daban la espalda al pueblo. Es, sobre
todo, que cuando su pueblo sufre rebajas de sueldo generalizadas, recortes de
derechos y de servicios básicos, una tasa de paro que se acerca peligrosamente
a los seis millones, con gente perdiendo sus casas, gente que no sabe qué y
cómo comerá mañana en un país que se está convirtiendo en el “estado del
malestar”, nuestro monarca, ajeno a la realidad, se va de cacería de lujo.
Si a la cacería en Botsuana
unimos el accidente del nieto, un niño de trece años, con una escopeta de caza,
no tardaremos en oír que la familia real debería “entregar las armas y disolverse”
A ojos de los demás países nos estamos convirtiendo en una monarquía bananera. Puestos a elegir siempre será mejor una república bananera.
ResponderEliminarPara colmo "El País" publica que "Iñaki Urdangarin afirma, en tres correos electrónicos enviados en 2007, que el Rey realizó gestiones como mediador para que su yerno lograse la participación de un nuevo equipo de vela en la 33ª edición de la Copa del América. Los documentos fueron remitidos este lunes por el exsocio de Urdangarin, Diego Torres, al juzgado de Palma que investiga las actividades del Instituto Nóos. El proyecto Ayre, que no llegó a prosperar tras el fiasco del evento deportivo, fue gestado por Pedro Perelló y Jorge Forteza —regatistas, empresarios y amigos de las infantas— con el apoyo del duque de Palma."
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